Cocinar en Cuba resulta cada día más difícil, pero ya no es solo por los alimentos (que no se consiguen), sino también por los problemas con los electrodomésticos, con el gas y con la electricidad. Esto ha provocado que se dispare la demanda y los precios de los fogones de mecha, de los sacos de carbón y de los mazos de leña, para comenzar a adaptarse a este tipo de cocina.
Los artículos eléctricos de cocción que abundan en los núcleos cubanos (y que en muchos son la única opción para cocinar) están deteriorados, no existen piezas en el país para repararlos y no se venden en las comercios. Existe una constante insuficiencia de gas en el mercado desde hace años y las tarifas eléctricas están por las nubes con la implementación de la Tarea Ordenamiento.
Los talleres están inundados por irregularidades por parte de los empleados, que, obligados por sus bajos sueldos, revenden los recursos de las entidades a precios elevados.
La Revolución Energética fue una inictaiva del Gobierno cubano en 2005, en la que se distribuyó a toda la población ollas de presión, multipropósito, arroceras, hornillas, calentadores eléctricos y demás electrodomésticos destinados a la cocina, cuyo fin era reducir el consumo de combustibles domésticos, como el gas licuado y el queroseno.
Este proceso solo logró aumentar desmedidamente el consumo de electricidad en los hogares.
Un técnico del taller del reparto Vista Alegre declaró que es muy poco probable que los equipos entregados hace 15 años como parte de esa iniciativa continúen bajo buen estado de funcionamiento, teniendo en cuenta que tampoco eran de muy buena calidad.
Mientras, los técnicos ni se aventuran a desmontar los equipos para hallar el remedio, porque corren mucho riesgo al desarmar equipos muy deteriorados que se van rompiendo a la vez que se separan las piezas, por lo que los técnicos confiesan que prefieren entregarlos como «sin solución» antes de que los culpen por algo inevitable.
Los reparadores concuerdan que estos electrodomésticos «Made in China» fueron importados ya defectuosos. Tanto las juntas de las tapas como los cables de conexión y la pieza que los soporta son frágiles y duran poco tiempo.
Una gran parte de las escasas piezas de repuesto que arriban al país son separadas por los trabajadores para comercializarlas en el mercado informal. La resistencia de las ollas arroceras se vende a 160 pesos; el cable, a 60 y el muelle, a 30. Los precios de las piezas de las ollas de presión eléctricas alcanzan los 270 pesos entre el termostato, presostato y la junta de la tapa.
Ya es común ver a personas cargando, por las calles, ollas y cocinas con resistencia eléctrica aparentemente sin solución para la rotura.
La crisis de los artículos electrodomésticos para la cocción se suma a la escasez de alimentos para que algunos cubanos retornan a la época de los fogones de leña o mecha.


