InicioActualidadAnciana en Guantánamo suma un año al grupo de centenarios en Cuba

Anciana en Guantánamo suma un año al grupo de centenarios en Cuba

María Sosa ya tiene un siglo a cuestas y a pesar de su andar lento y medio encorvado, quizás por el propio peso de todo lo vivido, no dejó de celebrar con alegría el haber arribado esta semana a los 101 años, con una familia que la rodea de hijos, nietos, biznietos y hasta tataranientos.

Dice que aún es feliz, aunque ahora le vienen más fácil a la memoria las anécdotas dolorosas que durante cien años le han robado sonrisas.

Ella es la más longeva de los que viven en la conocida Loma del Chivo, en la capital guantanamera, y hoy puede celebrar lo vivido sin arrepentimiento pues dice que lo mejor que ha hecho en su largo recorrido es disfrutar cada instante.

La mente la tiene intacta, y la edad no le ha hecho daño, tanto que algunos la consideran la enciclopedia viviente de su barrio.

De su pasado recuerda mucho a su hermano, el único que tuvo; caminar por las calles de la ciudad; las polvorientas rutas para ir a la escuela; las siempre agradecidas lluvias de mayo, que llenaban todo el barrio de fango y no le permitían salir por algunos días de la casa, por miedo a quedar atrapada en el lodazal.

Nació en 1919, cuando apenas existía parte de La Loma de Chivo. En calle Antonio Saco permanecían los cubanos, en Sol los haitianos, en Oriente los jamaiquinos y gallegos, además había chinos, árabes… todos divididos y sin mucho interés por compartir, más allá de los negocios.

Aún en los pensamientos de esta centenaria quedan recuerdos de los bailes cuando era miembro de la Sociedad Cultural de Mulatos, en la cual, al compás del danzón y de las estudiantinas, descubrió al hombre que luego la desposaría.

De los días festivos en las barriadas de los changüiceros, donde conoció al padre de Chito y Arturo Latamblet, al septeto Los caballeros, a Juaniquita Matos, madre de Elio Revé, y qué decir de los cultores de la actual Tumba Francesa Pompadur Santa Catalina de Ricci, conformada por descendientes de esclavos africanos y creada por Mamaita, una negra que amantó al hijo del santiaguero Emilio Bacardí, y quien en compensación le regaló el local que hoy es su vivienda.

Esos que hoy son leyenda, para ella fueron vecinos, personas con las que coincidió por azares del destino

La catástrofe del ciclón Flora, la inundación que dio nombre a la calle Ahogados, la crecida del río que se llevó el antiguo Puente Negro, las retretas de las bandas de concierto en el parque José Martí, los paseos, los cines siempre activos con programación diversa de México, Argentina… todo vuelve una y otra vez a la memoria de esta guantanamera de 101 años, testimoniante de una época de la que aún quedan muchas cosas por contar…


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