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Las guaguas en Cuba se convierten en el lugar favorito de los ladrones para robar teléfonos móviles

El sistema de transporte público en la capital cubana se ha vuelto un verdadero e inevitable abismo de perdición, pues no basta con tener que esperar en la parada durante horas (y probablemente llegar tarde al destino) y viajar como sardina en lata, pues, además, es un nido de carteristas y ladrones que aprovechan cualquier oportunidad para despojarte hasta del cucurucho de maní de la merienda.

La mayoría de las víctimas se percatan de lo sucedido al bajar del ómnibus y ver que no llevan el celular encima, y otros logran darse cuenta aún dentro del transporte, aunque ya poco pueden hacer para identificar al ladrón en medio de un mar de cabezas, troncos y extremidades agarradas a lo que más cerca tengan para no salir disparadas con la inercia del frenazo.

Un habanero de 42 años a quien le robaron su celular aseguró: «Lo acababa de comprar cuando me subí al P2. Ese día me sentía de suerte porque hasta logré alcanzar un asiento, luego subió una mujer con un niño y le cedí el puesto. Poco después sentí que me faltaba el móvil que llevaba en el bolsillo del pantalón».

En ese momento, sospechó de la madre, porque se había acercado demasiado a él para sentarse, y contó: «Un pasajero se ofreció a llamar a mi número para escuchar si daba timbre en algún lugar, pero solo le salió el mensaje de que estaba ‘apagado o fuera del área de cobertura’. Le pedí, casi llorando, al chofer que no dejara bajar a nadie y que esperara a la policía, pero me respondió que él no se dedicaba a eso, que lo suyo era trasladar pasajeros y eso era lo que iba a hacer».

Fue enseguida a la estación policial de Dragones y, varias semanas después, aún no ha recuperado su móvil.

Ante robos de dispositivos móviles, se debe denunciar tanto con la Policía como con la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba (ETECSA), para que esta ponga el número de IMEI del móvil robado en una lista negra, para que sea identificado, localizado y monitoreado en cuanto vuelva a llevar una tarjeta SIM nacional.

Sin embargo, son muchos los cubanos que deciden no reportar nunca el robo por miedo a sufrir consecuencias por haber comprado el dispositivo en el mercado informal, o por no querer que sus datos personales queden inscritos en bases de datos del Gobierno, o por no desear quedar envueltos en procesos investigativos y burocráticos que impliquen citaciones, ineficiencia e ineptitud.

Alberto, un médico habanero que se montó en una ruta 43 para regresar a casa después de una guardia en su policlínico, perdió el teléfono Xiaomi que le había costado 200 CUC (200 dólares) el año anterior, porque lo llevaba en uno de los bolsillos del uniforme.

Relató: «No recuerdo haber sentido nada, debe haber sido en la empujadera dentro de la guagua que me robaron el celular. Fui a la policía y, gracias a la gestión de un amigo en una unidad, pude hacer la denuncia, pero hasta el día hoy mi teléfono no aparece».

A Carmen, empleada en el centro tecnológico de Economía de la calzada de Ayestarán, le robaron su móvil cuando viajaba en un P16 de camino al trabajo, y lamentó desesperada: «Lo necesito mucho porque mi madre tiene Alzheimer, y quien la cuida me llama siempre que surge algún problema. Mi hijo tuvo que gastar todos sus ahorros para poder comprarme otro».

Una joven fue también víctima de estas fechorías cuando iba dentro de una A50, pues contó que el ómnibus «se fue llenando, hasta que no cupo un alfiler».

Se trataba de una estudiante que se dirigía a su casa junto a sus amigos, y gritó en medio del viaje: «Reiner, apúrate, llámame al teléfono, que me lo robaron», y entonces se escuchó su tono de llamada al final del ómnibus, hasta donde ella logró llegar, pero «sin poder identificar específicamente de donde provenía el sonido».

Para el segundo intento, ya el ladrón había apagado el móvil, y muchísima gente se bajó de la guagua en la siguiente parada.

La joven aseguró en un llanto de furia: «Voy para la policía ahora mismo, ese teléfono es un Alcatel de los que vende Etecsa en MLC (Moneda Libremente Convertible). Mi mamá me lo compró con tremendo sacrificio».


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