La Plaza de Armas es una de las plazas más emblemáticas dentro del Centro Histórico de la Habana. Algunas de las edificaciones más importantes de nuestro pasado colonial se dan cita en sus alrededores, símbolos irremplazables de la historia de la Villa de San Cristóbal de La Habana, hoy convertidas en importantes museos e instituciones culturales.
El antiguo Palacio de los Capitanes Generales o Casa de Gobierno, hoy Museo de la Ciudad de la Habana; el Palacio del Segundo Cabo, también conocido como Real Casa de Correos y Palacio de la Intendencia, hoy convertido en el Centro para la interpretación de las relaciones culturales Cuba-Europa.; el majestuoso Templete, que simboliza la fundación de la Villa de San Cristóbal en el siglo XVI, hoy convertido en museo y el antiguo Palacio de los Condes de Santovenia, símbolo de la grandeza nobiliaria y arquitectónica de nuestro pasado colonial, hoy convertido en el Hotel Santa Isabel.
La Plaza se encuentra situada al final del canal de entrada de la bahía, a escasa distancia del litoral, en el área limitada por las actuales calles Tacón, Obispo, Baratillo y O’Reilly. Durante su época de formación se le conocía como la «Plaza de la Iglesia» por encontrarse cercana a la antigua Iglesia Parroquial Mayor (lugar que ocupa actualmente el Museo de la Ciudad de La Habana). Más tarde se traslada su ubicación, con motivo de la construcción del Castillo de la Real Fuerza, siendo empleada más tarde para ejercicios militares, lo que dio lugar a que la población la denominara «Plaza de Armas».
En los tiempos de la etapa colonial los edificios que servían de sede para el trabajo de los magistrados y los militares españoles se encontraban en la actual Plaza de Armas.
Esta es la más antigua de las plazas de la Habana Vieja, su construcción se ubica alrededor del año 1520 y ahí en el XVI se efectuaban algunos ejercicios militares.
En ella nació la Habana colonial en el siglo XVI, pues a sus alrededores se nucleaban importantes edificaciones del poder español.
No fue conocida como Plaza de Armas hasta el siglo XVI, cuando el gobernador colonial comenzó a utilizar éste lugar para tomar el mando sobre la guarnición de la fortaleza aledaña. Debido a la cercanía del corsario inglés Francis Drake a la isla, las tropas cubanas comenzaron sus prácticas militares en esta plaza para hacer frente a un posible asalto. Su carácter de escenario para ejercicios militares trascendió al tiempo, llegando ser conocida como Plaza de Marte, en alusión al dios romano de la guerra.
A partir del siglo XVIII se emprenden importantes obras para embellecer la ciudad, incluyéndose la remodelación de la Plaza de Armas, embelleciendo la plaza dotándola de fuentes, arbolados y canteros floridos.
En el siglo XX la Plaza de Armas cobra nuevamente protagonismo. En el año 1935 el arquitecto Emilio Vasconcelos restaura la plaza tomando como referencia grabados y descripciones del siglo anterior, entre los que se encontraban los grabados de Federico Mialhe.
Más tarde en el año en el año 1955, es desplazada la antigua estatua de Fernando VII que se encontraba al centro de la plaza, desde el año 1834, poco más de un siglo, y es colocada en su lugar la estatua del Padre de la Patria, Carlos Manuel de Céspedes, a iniciativa de varios intelectuales cubanos. El monumento fue obra del artista cubano Sergio López Mesa y fue la primera estatua erigida Céspedes en Cuba.
El aspecto actual que presenta la Plaza de Armas se debe a las restauraciones realizadas durante las primeras décadas del siglo XX, a las que se suman los trabajos de restauración llevados a cabo por la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, Cuba a partir de la década de los 80 del siglo pasado. Entre ellos se encuentra una réplica del Pórtico de O’Reilly, una de las antiguas entradas de los pobladores a la ciudad desde la zona de la Bahía de La Habana, demolida entre 1929-1930 y restaurada por la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana en el 2017. Sus calles dejan a la vista sus antiguos pavimentos y sus importantes edificaciones, transformadas en importantes centros culturales, nos permiten rememorar el sitio fundacional de nuestra antigua urbe colonial.
