Aunque bien se conoce que las toneladas de ayuda humanitaria que han llegado a Cuba en las últimas semanas y que el Gobierno distribuirá en pequeños módulos que no son suficientes para abastecer a 11 millones de cubanos, sí serán de gran apoyo para muchas familias inmersas en la pobreza como producto de la profunda crisis general que vive el país.
El jubilado Carlos Manuel Acevedo (de 78 años), residente en el habanero municipio de Arroyo Naranjo, se sintió satisfecho, en la medida de lo posible, por el paquete de alimentos que recibió en su bodega, conformado por donaciones de países afines al Gobierno cubano.
La ayuda fue enviada tras el estallido de las históricas y multitudinarias protestas populares del 11 de julio en Cuba, donde miles de ciudadanos se sublevaron y se lanzaron a las calles para exigir al Gobierno cambios económicos y políticos urgentes.
Acevedo ha calculado que los alimentos del módulo que recibió le serán suficientes para unas 2 semanas, pero como tuvo carácter gratuito y significó la no necesidad de esperar en las tumultuosas colas (que, a parte de ser un foco de contagio de coronavirus casi asegurado, son un dolor de cabeza), verdaderamente lo agradeció.
Mientras, los números de casos positivos a la enfermedad y de fallecidos por la misma en el país continúan en su máxima representación, con un acumulado para este jueves de 491.904 contagios y 3.757 decesos.
A la gravísima situación epidemiológica se suma la económica, la peor crisis de este tipo en 30 años y la que también constituye una crisis de carácter general sin precedentes. Expertos como los de Economist Intelligence Unit han diagnosticado una inflación este año en la isla de un 400 a un 500%.
Los paquetes de donaciones a la población difieren en cuanto a contenido en dependencia del territorio de residencia. Acevedo recibió 3 paquetes de arroz, 6 de espaguetis, 1 de lentejas y 2 de azúcar. El jubilado no pudo evitar sentirse esperanzado por la mínima posibilidad de que se distribuya un segundo paquete de ayuda.
China, Bolivia, México, Nicaragua, Rusia, Venezuela y Vietnam han sido los remitentes de estos cargamentos con alimentos, medicinas y equipos de protección médica.
Con 83 años, Claribel Miró, dijo sentirse agradecida “a los países que nos están ayudando”, explicando que en su casa residen otras cinco personas y que solo se pueden permitir “una comida” al día.
El Gobierno también adelantó a finales de julio, en aras de aplacar la gran escasez alimentaria ventas adicionales de productos mediante la libreta de abastecimiento, a través de la cual la población tiene acceso a comestibles como arroz, azúcar, huevo, pollo, aceite y otros, que por otra vía serían muy difíciles de conseguir. Mientras los cubanos aseguran que únicamente con los productos expendidos por la libreta no alcanzan para comer todo el mes, nadie podría vivir sin ellos, en un país que importa el 80% de sus alimentos.
El gobernante Miguel Díaz-Canel aclaró que las autoridades podrán abastecer las redes nacionales a partir de la recaudación de divisas extranjeras en las tiendas dolarizadas.
La apertura de estas tiendas causó revuelos en la población desde el principio, a partir de la brecha social que generan, teniendo en cuenta que la mayoría de los cubanos no tienen acceso a esas monedas, por lo que es una de las inconformidades que más suscita el descontento social y que eventualmente desemboca en protestas civiles como la del pasado 11 de julio.
En aras de aplacar las manifestaciones, las autoridades permitieron la importación, sin límites de valor y libre de pago de aranceles, de alimentos y medicinas hasta fin de año. Otras medidas le siguieron, como la legalización de las pequeñas y medianas empresas, y la exoneración a los productores privados del pago de impuestos de importación de insumos y materias primas.
