La población cubana comenzó a desligarse de los medios de difusión masiva estatales cubanos en cuanto llegó el servicio de Internet a la isla, a mediados de la última década, acción que el Gobierno retrasó lo más que pudo para continuar monopolizando la ‘verdad’. Desde ese momento, los cubanos confían mucho más en las noticias que indica su dispositivo móvil que en la Televisión Cubana o en el periódico Granma, órgano oficial del Partido Comunista (PCC).
No obstante, desde que Internet y las redes sociales sirvieron para organizar y catalizar la histórica ola de protestas populares masivas en la isla del pasado 11 de julio y algunas otras a principios de año y a finales del 2020, el Gobierno cubano se ha hecho el hábito de bloquear el acceso a internet para la población cuando le plazca.
La plena conexión del servicio regresó muchísimas semanas después de los sucesos, aunque a unos 7 u 8 días ya era utilizable. A partir de ese entonces, el tema se convirtió en la polémica del momento en Estados Unidos, con cientos de cubanoamericanos marchando en Washington para exigir la libertad de la isla y políticos tratando de sacar partido de la situación.
El presidente estadounidense Joe Biden ha insistido en que su equipo está evaluando formas para proveer una conectividad independiente a la del Estado en Cuba, por lo que Marco Rubio, senador de Florida, propuso emplear globos que funcionen como puertos WiFi y que sobrevuelen la isla.
Sin embargo, especialistas aseguran que no existe casi un margen de acción para mejorar el acceso a Internet a gran escala en Cuba sin la cooperación de su Gobierno.
Por increíble que parezca, estas inverosímiles ideas no han sido las más descabelladas que ha intentado el Gobierno de Estados Unidos para proporcionar conexión a Internet a la isla.
El contratista de la Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional (USAID), Alan Gross, fue detenido en 2009 por distribuir equipos de satélite, y liberado luego de que las administraciones de Barack Obama y Raúl Castro comenzaran a acercarse.
Se intentó también introducir en Cuba estaciones de recepción satelital escondidas en tablas de surf; otro fracaso más.
El proyecto ZunZuneo duró desde 2010 a 2012, el que constaba de una red social cubana (muy parecida a Twitter) donde se pretendía incitar a los cubanos a organizar grupos que fueran capaces de «renegociar el equilibrio de poder entre el Estado y la sociedad».
Como la conexión masiva a Internet comenzó a utilizarse en Cuba entre 2015 y 2016, cuando se crearon las primeras zonas WiFi (décadas después de que fuera un servicio común en la mayoría del mundo), la isla ha tratado de reducir la brecha digital, por lo que instaló en 2018 el uso de datos móviles, y más de 4 millones de habitantes ya son usuarios de este servicio.
En la isla se ha expandido el uso de redes virtuales privadas (VPN), teniendo en cuenta que permiten acceder a sitios que están bloqueados por el Estado, aunque también posibilitan realizar pagos a través de PayPal, enviar archivos por Wetransfer o jugar al Pokémon GO, lo que las sanciones estadounidenses prohíben para los ciudadanos cubanos.
Los cubanos, al conectarse a través de la popular aplicación Psiphon, son redirigidos a una página que exhibe la propaganda opositora financiada con dólares de los contribuyentes norteamericanos.
Cuentas falsas en Twitter y otras redes sociales han alimentado recientes campañas para colocar el foco mediático sobre el colapso del sistema sanitario cubano. Julián Macías Tovar, especialista en desinformación, analizó los tuits y retuits y concluyó que miles de cuentas de Twitter que utilizaron el hashtag #SOSCuba habían sido creadas días antes, y utilizaban un sistema automático para retuitear la etiqueta. La idea que dio la campaña era que el Gobierno no podía controlar la pandemia como hasta el momento.
Los análisis de Tovar revelaron que el hashtag fue impulsada por cuentas asociadas a Atlas Network, un conglomerado de más de 500 organizaciones defensoras del libre mercado, el cual ha recibido financiamiento de ExxonMobil y los hermanos Koch. Cuentas con estos parámetros también han estado implicadas en centros de trolls durante las últimas elecciones en Ecuador y Perú, y también en el golpe cívico-militar de 2019 en Bolivia.
La propaganda en internet ha sido calificada por los funcionarios cubanos como parte de una «guerra mediática contra Cuba».
El Estado no se ha quedado atrás y ha llevado a cabo campañas como la «Operación Verdad», descubierta en 2013 por un opositor cubano. El programa de encargaba de reclutar estudiantes para atacar a los críticos del Gobierno en la red.
El profesor del Baruch College de Nueva York y autor de Cuba’s Digital Revolution, Ted Henken, declaró que la decisión de cortar temporalmente internet «solo se puede sostener durante unos pocos días», pues terminaría resultando «muy cara» para la economía y el sistema educativo nacional.


