La joven de 17 años que fue detenida por las fuerzas policiales cubanas y luego condenada a 8 meses de prisión por haber presuntamente participado en las protestas populares masivas del pasado 11 de julio, Gabriela Zequeira Hernández, contó cómo fue su tiempo detenida.
La muchacha fue liberada el fin de semana tras presentar una apelación para su sentencia, por lo que recibió un cambio de medida y ahora se encuentra en estado de reclusión domiciliaria, instalación donde deberá quedarse hasta presentar el resultado del proceso judicial.
Zequeira narró que ella solo iba caminando de regreso a su casa desde la peluquería aquel domingo 11 de julio y se detuvo un momento a observar la enorme manifestación, en la que terminó envuelta sorpresivamente.
La revuelta se había dado a 4 o 5 cuadras de su vivienda y agentes de «boinas negras» recogieron a todas las personas que la rodeaban, incluyéndola.
La joven aseguró que fue violentamente tratada por los oficiales. Confundida, fue arrojada hacia la patrulla y preguntó por qué había sido arrestada, a lo que la Policía respondió que ella era una «contrarrevolucionaria».
Zequeira, estudiante de Contabilidad en el municipio de San Miguel del Padrón, fue llevada a la Oncena Unidad de la Policía en 100 y Aldabó y allí estuvo recluida por más de una semana.
Zequeira reveló que uno de los momentos más amargos que le tocó vivir en la reclusión constituyó «cuando entró el mayor Abel a la celda donde estaba con otras compañeras» y le comentó que iba a buscarle para pabellón a “Manguera” y a “Mandarria”, un mulato y un negro respectivamente, altos y fuertes que irían a abusar sexualmente de ella.
Agregó que no conoció del significado de pabellón en prisión hasta que no llegó a casa y le contó a su familia de lo ocurrido, pues pensaba que pabellón se refería a «encerrarte para que te cayeran a golpes».
Sobre los resultados del juicio que se le realizó de forma expedita, la joven resaltó que lo primero que le pasó por la cabeza fue «ya, se acabó mi juventud, mi libertad” cuando le afirmaron que tendría que cumplir una condena de 8 meses de privación de libertad «sin causa ninguna, sin ninguna prueba, sin haber cometido ningún delito y teniendo un expediente limpio».
Según su testimonio, únicamente le permitieron una llamada de teléfono, con una duración de solo 1 minuto, mediante la cual alcanzó a tranquilizar a su madre diciéndole que estuviera fuerte pues ella no tenía relación con lo que se le acusaba y que instara a los abogados para llevara a cabo el juicio de apelación.
