El Gobierno cubano mantiene cuatro días después de las protestas masivas un fuerte despliegue policial en las calles de La Habana, donde no se han producido nuevas manifestaciones verificables y la población busca a familiares detenidos.
La información que sale de la isla sigue siendo limitada, y los niveles de represión e intimidación en las calles son muy altos, en un intento por controlar nuevo brotes de manifestaciones.
Periodistas de nuestra redacción pudieron comprobar hoy que militares y «tropas de choque» afines al Gobierno mantienen tomadas las calles y, a pesar de que el servicio de internet móvil quedó restablecido la mañana de ayer miércoles, después de tres días de interrupción, aún es imposible acceder a las redes sociales y a las aplicaciones de mensajería instantánea con datos móviles.
La periodista independiente Miriam Celaya compartió un post en su perfil de Facebook en el que dijo que «las calles de Centro Habana están invadidas de policías y paramilitares disfrazados de civil».
En redes sociales, los mismos ciudadanos que salieron a protestar el domingo en demanda de alimentos, una mejor atención a la salud pública y por la falta de libertad, han continuado las denuncias de la brutalidad policial, publicando videos de los arrestos arbitrarios que hacen los oficiales operando junto a civiles.
Sin embargo, en las calles se respira una tensa calma, pues ya nada es igual.
«No se siente la vibra habitual, el desenfado, el eterno parloteo callejero entre cubanos, ya sea que se conozcan o no. Hay una sensación de ansiedad en este silencio, o mejor en este extraño no-diálogo, tan ajeno a nosotros”, describió Celaya lo que sintió al salir a las calles de la capital.
El Gobierno sabe que es precisamente en los barrios más pobres donde se forman los focos para las revueltas populares. Allí, donde hay más necesidad, el despliegue represivo de fuerzas antimotines y grupos de choque es desproporcionado.
Las patrullas pasan cargadas de policías, los carros con boinas negras se dejan ver circular por las principales avenidas con grandes armas de fuego y en plazas y parques están apostados grupos de las brigadas de respuesta rápida, fácilmente identificables por sus pullovers de color rojo o blanco.
Miguel Díaz-Canel propone paz, pero azuza la violencia por debajo, sabiendo que el control del país solo puede mantenerlo sembrando el terror entre la población.
El hombre que lleva las riendas de Cuba, al menos de cara al publico, ha dicho hace unas horas que «se ha malinterpretado» la llamada que hizo a sus partidarios a salir a las calles y enfrentar a los manifestantes.
La actuación de las fuerzas de seguridad y brigadas parapoliciales contra los manifestantes en los hechos que sacudieron el país días atrás ha sido condenada y calificada como desmedida por organizaciones de derechos humanos y por algunos Gobiernos y formaciones políticas extranjeras, además de centenares de cubanos en las redes sociales.
