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Las protestas en Cuba rompieron el miedo de los cubanos después de décadas de silencio y aguante

El conocido economista Emilio Morales comentó sobre las manifestaciones civiles antigubernamentales ocurridas este domingo en toda Cuba, alegando que «se rompió definitivamente el maleficio», y que del pueblo cubano, cansado de «62 años de abusos y vejaciones», quiso de una vez acabar con el problema que ha causado esta «crisis sistémica».

Morales prosiguió explicando que las medidas económicas tomadas por el Gobierno cubano en los últimos años han influido de forma muy negativa en el país: la dolarización parcial (sin cambiar las estructuras económicas ni liberar las fuerzas productivas), la aplicación de la Tarea Ordenamiento (empeorando la dualidad monetaria que ya existía, en vez de erradicarla), etc. Ha sido más que evidente cómo la situación nacional ha devenido en inflación, desabastecimiento total en las redes minoristas, caída del poder adquisitivo de la población y crecimiento de la frustración y la ira de la población.

Añadió que la pandemia de coronavirus ha pulverizado el «mito de la potencia medica en un abrir y cerrar de ojos», llegando a provocar un colapso del sistema sanitario nacional, pues «la situación epidemiológica del país es muy grave y altamente explosiva socialmente».

El Gobierno (como es habitual) se ha demorado en responder a todos los distintos escenarios de crisis, y eso ha causado una nueva depresión: una crisis humanitaria por la que la administración de Miguel Díaz-Canel se ha negado a recibir ayudas.

Opinó que esta gran rebelión funcionó como «un contundente aviso a la cúpula gobernante y a los militares de que la impunidad llegó a su fin».

Aseguró que conoce de «altos militares de carrera» no vinculados al «círculo mafioso» de la cúspide gubernamental de Díaz-Canel que se han opuesto a la masacre que el dirigente ordenó cuando llamó a los enfrentamientos civiles, y se han negado a acatar las ordenanzas; por lo que advirtió que «esta situación puede generar una fuerte fractura en las Fuerzas Armadas».

Comentó que estas figuras militares se han posicionado a favor del pueblo cubano porque viven las mismas penurias que cualquier cubano común, las que los altos mandos no conocen ni sufren.

Aseveró: «No es la primera vez que en Cuba cae una dictadura. Esta no será una excepción».

Opinó que la respuesta del Gobierno no ha sido solo poco original y errada, sino también desesperada.

Recomendó la realización de «elecciones libres, transparentes y con supervisión internacional», la autorización al pueblo para generar riquezas, el fin del partido único, la legalización de la libertad de pensamiento y asociación, y el fin de la exclusión política. Sugirió implantar la libertad de economía, de mercado y de precios, y erradicar la centralización, entre muchos otras trabas hasta ahora impuestas por el Estado.

Sin embargo, afirmó que el Gobierno cubano no aplicará ninguna de estas medidas, sino que «tratará de ganar tiempo», sin reconocer ningún error, difamando a los manifestantes y reprimiendo al pueblo.

Juan Antonio Blanco, reconocido politólogo, alegó que en Cuba ocurrió «una rebelión nacional».

Enumeró los tres pilares que solían ser el sustento del Gobierno comunista por más de 60 años, los que han sido totalmente destruidos en el último año: el capital económico para coaccionar a la población con «políticas subvencionadas de empleo, salud y otros servicios» (lo que requiere capital financiero principalmente), la «dominación ideológica» que le ha promocionado la tergiversación de la Historia (su capital simbólico), y «el miedo a la capacidad represiva del Estado» (cuyo aniquilamiento fue evidenciado con las protestas civiles multitudinarias del domingo).

Precisamente, hizo hincapié en que hubo muchísimos policías, miembros de las llamadas Brigadas de Acción Rápida y jóvenes del Servicio Militar Activo (obligatorio) «que se resistieron a ser movilizados» y a participar en la masacre.

Blanco consideró como una «soberana estupidez» la excusa del Gobierno cubano de que todos los males que sufre la isla son culpa del bloqueo estadounidense y de la dirección de ese país vecino. Condenó el llamado del presiente cubano al enfrentamiento civil.

El politólogo cubano Dimas Castellano también consideró que los sucesos representan «claramente una manifestación de hartazgo, desesperanza y desespero», pero resaltó que aún no lo calificaría de rebelión nacional.

Afirmó además que las causas son fundamentales internas, y que la lectura de los eventos debería ser «un giro inmediato a la situación», esclareciendo que esto ocurriría «si hubiera voluntad política y un coeficiente de inteligencia medio».

Sin embargo, declaró, solo excusan los apagones, la pandemia, inculpando de todo al embargo estadounidense y «sin ningún reconocimiento de que el sistema totalitario no funciona».

La causa fundamental de las protestas para Castellanos constituye «la ausencia de libertades, civiles, políticas, económicas, de todo tipo», y advirtió que «el proceso de escarnio social e internacional del castrismo se va a acelerar en los próximos meses».

En contraposición, el portavoz del Consejo para una Transición Democrática en Cuba, Boris González Arenas, sí calificó los eventos del domingo de «una rebelión nacional espontánea», además de compararlo con la crisis venezolana.

Denunció que la maniobra que realizó el Gobierno cubano al suspender el servicio de datos móviles supone una negación a la libertad de prensa y expresión, característica de una «tiranía tan oprobiosa» como la cubana.

También criticó el accionar de las fuerzas represivas ante las protestas, pues disparar contra un individuo desarmado constituye «crimen, asesinato de Estado, crimen de lesa humanidad».


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