Yeily Hernández Mato es una joven cubana que llegó a Estados Unidos con 13 años de edad y vivió en la calle entonces junto a su madre, pero quien consiguió superar los obstáculos y graduarse de Medicina en Florida.
Hernández Mato y su madre tuvieron una vida difícil tras su llegada a Miami y se vieron obligadas incluso a dormir en la calle, luego de que se les agotaran los recursos económicos una vez instaladas en Estados Unidos.
Hernández confesó este miércoles a Telemundo que no hubiera podido llegar ni siquiera a la universidad si no hubiera contado con el apoyo de su mamá.
“Si hubo un tiempo que mi mamá y yo no teníamos casa (…) pero sin el apoyo de mi mamá, no pienso que hubiese podido lograr todo eso, ella siempre ha sido mi fuerza mayor para lograr todas las cosas”, comentó al citado medio.
Encima, Yeily sufrió un fatídico accidente automovilístico cuando tenia 18 años, en el que se fracturó todos los huesos del rostro. Por aquel entonces, la joven pretendía hacer un doctorado en Historia.
Los médicos tuvieron que realizar varias cirugías para salvarla, incluida la reconstrucción facial. Cuatro meses después, fue dada de alta del hospital y se enfrentó a una serie de desafíos diferentes.
«Mi mamá y yo pasamos un momento difícil, no tuvimos una casa por un tiempo», dijo Hernández.
Su salud seguía siendo un desafío y tiene que ir a muchas visitas médicas de seguimiento. El problema era que no tenía dinero ni seguro. Su gracia salvadora: La salud comunitaria del sur de Florida.
Los médicos atentos trabajaron incansablemente para mantenerla en el camino hacia la recuperación y, sin saberlo, la encaminaron hacia la escuela de medicina.
“Los médicos que me atendieron me inspiraron a seguir una carrera en medicina”, dijo Hernández. La dejó con un impulso para ayudar a los más vulnerables
Claramente, su experiencia como una persona desamparada, sin recursos en un país extraño, marcó su voluntad por la ayuda desinteresada a los más necesitados. La joven presta servicios de atención médica básica a las personas vulnerables de su comunidad en los fines de semana, incluyendo a indigentes.
“Fue un homeless quien me dijo tú deberías aplicar para el programa de CHI, porque esta clínica es espectacular y ayuda a la comunidad que no tiene seguros. Y estoy super feliz de estar en esta clínica que también me acogió a mi cuando yo no tenía seguro después del accidente”.
Será en este centro médico donde por los próximos 4 años trabajará la doctora Yeily Hernández Mato junto a otros 7 residentes, dos de ellos de origen hispano, que también hoy recibieron su bata blanca.


