Los últimos diez días han sido convulsos en Cuba, especialmente desde que el Gobierno anunció que el sistema bancario no continuará recibiendo dólares en efectivo en sus sucursales. Al respecto han surgido muchísimos inquietudes en la población, que si bien han intentado ser respondidas desde la teoría por funcionarios, no hay nada como la práctica para terminar de entender el panorama. Hoy es el día.
La divisa estadounidense sigue siendo legal y tiene una fuerte presencia en la vida cotidiana, aunque sea solo en la imaginación de gran parte de los ciudadanos. Parece razonable pensar, entonces, que el mercado informal aún la considerará por un largo período, sobre todo por la accesibilidad que presentarán los extranjeros que lleguen con la moneda.
Pase lo que pase, la moneda norteamericana es la más universal por el momento, por lo que los cubanos siguen poniendo su fe de salvamento en ella.
El peso cubano, en cambio, se manifiesta completamente inútil en el exterior, víctima de una inflación voraz y agravado por la actual crisis económica y financiera de la isla.
Las autoridades anunciaron hace dos semanas que los billetes de dólar se acumulan en los bancos sin poder darle salida a raíz de las sanciones punitivas del embargo económico. A partir de hoy, por ende, solo se admiten los depósitos en otras divisas, así como las transferencias electrónicas.
Los turistas tampoco tendrían la posibilidad de canjear sus dólares en efectivo, según dijo en televisión nacional Francisco Mayobre Lence, vicepresidente primero del Banco Central de Cuba (BCC). La medida, entonces, es que lleguen al país con una divisa diferente o utilizar una tarjeta internacional aceptada en Cuba para cubrir sus gastos.
Las tarjetas prepago por 200, 500 y 1.000 dólares de las Casas de Cambio (Cadeca) de los principales polos turísticos son también una alternativa a optar por los viajeros internacionales.
No obstante, es posible que los viajeros sigan introduciendo efectivo en esta divisa en la isla, pues continúa teniendo un estatus legal.
Además de las actividades que aún así querrán requerir de dólares para efectuar el pago por parte de turistas, como rutas guiadas y productos como tabacos, ron, etc., los cubanoamericanos probablemente seguirán entrando con el dinero de las mismas remesas que actualmente presentan limitaciones. Esos dólares, por tanto, terminará circulando en el mercado informal u viajarán al exterior con las «mulas».
Los bancos amanecieron atestados al día siguiente del anuncio gubernamental, pero no parece haber una urgencia generalizada por deshacerse de la divisa. Muchos cubanos optaron por canjear; otros muchos, no.
La comunidad de Miami también se ha visto afectada por la medida, donde se han quedado sin euros para cambiar en muy poco tiempo en aras de enviar remesas aceptadas.
Pero todo apunta a que no hay que desesperarse. El euro no es el protagonista del ascenso vertiginoso pronosticado y los dólares no están desapareciendo en masa, pues son muchísimos los cubanos de aquí y de allá que esperan a ver cómo se comporta la situación antes de perder dinero que hace muchq falta.


