La noticia de la suspensión temporal de los depósitos de Dólares Estadounidenses (USD) en efectivo en el sistema bancario cubano ha provocado una grandísima ansiedad en la población en la última semana, pero mientras más se acerca el 21 de junio (fecha oficial de aplicación de la medida), más la incertidumbre y la inquietud se agrava.
Aunque al día siguiente del inesperado anuncio los bancos en todo el país se abarrotaron con personas que querían depositar sus billetes verdes con desesperación, muchísimos cubanos han preferido actuar con más cautela y optar por alternativas menos presenciales.
Entre los miles y hasta millones de cubanos que corrieron hacia sus sucursales bancarias de preferencia, se hallaban los que urgían depositar porque su único interés era el acceso a las tiendas en Moneda Libremente Convertible (MLC), por lo que necesitaban garantizar el saldo suficiente para sobrellevar la medida «temporal».
Pero también estaban los que necesitaban el saldo de su tarjeta en MLC para comprar (y acaparar) toda la mercancía posible de los comercios en divisas extranjeras para revenderlas, ahora que la súbita medida ha duplicado los precios en el mercado informal.
Los comerciantes ilegales han sabido sacar ganancia de esta disposición, pues, pese a que los precios subieron, la mercancía en el mercado negro se está vendiendo con muchísima facilidad.
Los problemas (dígase colas, principalmente) para lograr efectuar los depósitos bancarios han empujado a los que tienen que comprar los USD en el mercado ilícito a preferir la adquisición por transferencia de tarjeta a tarjeta. El alza de la vía de compra-venta provocó un incremento del valor del USD en saldo a 75 Pesos Cubanos (CUP).
Los cubanos que cuentan con cantidades exorbitantes de USD de saldo en sus cuentas bancarias en MLC (o grandes cantidades de USD en efectivo con posibilidad de despositarlo), podrán en unos días vender los USD por trasferencia a un precio mucho mayor (tal vez a 100 CUP), debido a la actual tendencia al alza.
Las colas en los bancos acumulan tal caótico volumen de personas que, por un momento, nadie se acuerda de la pandemia del coronavirus (o deciden ignorarla).
Aquellos con la mala suerte de tener que esperar su turno en un emplazamiento con radiación solar directa, tienen que aguantar estoicamente el calor y las quemaduras para no perder el puesto.
El reducido horario de las sucursales bancarias en toda la isla (de lunes a viernes, de 8:30 a.m. a 2:00 p.m.) hace que las personas tengan que ausentarse injustificadamente de su puesto laboral, sobre todo cuando los superiores han desautorizado de forma explícita la falta.
Aunque el Gobierno cubano haya explicado que la normativa no pretende evitar la inflación o recaudar USD con urgencia, el plazo de solo 11 días para hacerla efectiva sugiere lo contrario.
Encima, las condiciones en el interior de los bancos han decaído significativamente (se retiraron los asientos de espera por el contagio del coronavirus y se prohibió el uso del aire acondicionado por la falta de combustible para la generación energética), por lo que a los clientes les espera una agonizante estancia en el local después de horas de espera al sol.
Además, el fenómeno del depósito desesperado ha provocado que los precios de los turnos de la cola por reventa se hayan disparado.


