La situación económica actual en Cuba es tan precaria que la población tiene que recurrir a viejos trucos y a su dotada inventiva para preparar una alquimia medianamente nutritiva con 2 o 3 ingredientes y alimentar con ella a toda una familia.
La agudísima escasez de comida ha dejado casi que sin opciones de abastecimiento a la gran mayoría de la población cubana (obviando a altos funcionarios del Gobierno, familias de líderes históricos y cuentapropistas con espectaculares fortunas).
Margarita, una ama de casa holguinera, lleva semanas tratando de comprar frijoles y no logra encontrarlos ni en el mercado lícito ni en el ilícito, ni baratos ni caros.
Aseguró que se ha visto obligada a recurrir al sopinguete nuevamente para sustentarse, una improvisada sopa conformada con lo que aparezca, una vieja receta que data de la mayor crisis económica que ha sufrido el país: el Período Especial de los años 90.
El sopinguete se hace lo mismo con viandas, frijoles o vegetales, lo que sea, sin carne ni grasa.
Aseguró que ese invento fue la salvación de muchas noches en aquella devastadora década para no irse a dormir sin cenar.
Isabel, una jubilada que recibe remesas, aseguró que la oferta de frijoles se acaba rápidamente cuando la tienda en MLC es surtida, y que si para los que reciben ayudas desde el exterior la situación es extremadamente compleja, los desafortunados que tienen que comprar las divisas en el mercado negro al doble de precio, están incluso peor.
Dijo que con su pensión como jubilada del comercio no puede vivir, y que sobrelleva la situación únicamente porque la ayuda su hijo, que residen en el extranjero.
Explicó que se siente privilegiada al poder comprar un litro de aceite a 300 pesos y una pata de cebollas en 600, porque tiene amigos y vecinos cuyas comidas dan lástima.
Carlitos, en ese caso, es custodio de una escuela primaria y gana salario mínimo, confesó que no tiene cabeza para los negocios, y que no siempre está disponible para trabajos por fuera, por lo que cada vez es más difícil adquirir alimentos para su esposa, que es muy enfermiza, y sus tres hijos.
Precisó que en muchas ocasiones comen arroz «pelao», y en otras comen viandas solo en caso de que las encuentre baratas; carne solo cuando cogen el picadillo o la mortadela de la bodega, pues los alimentos que venden por la calle se le salen del presupuesto. Además comentó que solo hacen una sola comida diaria para ahorrar, y que a fin de mes no tienen ni azúcar para aguantar y no irse a la cama con hambre.
La situación actual es dura, pero las familias que no tienen acceso a las tiendas en MLC y viven con un sueldo estatal son los grupos más vulnerables. La falta de recursos y la escasez hacen de la alimentación diaria una meta que no todos pueden superar, y son cada vez más los cubanos que tienen que renunciar a alguna de las tres comidas del día.
