La terrible escasez general y la situación de desabastecimiento que está viviendo Cuba, provocadas por la llegada de la pandemia del coronavirus y por la aguda crisis económica, ha llevado a muchos cubanos a adquirir lo que se pueda y no lo que se quiera, e incluso a caer en de burdas trampas diseñadas por estafadores para sacar provecho de la tan precaria situación.
Nereida compró un colchón “original”, “nuevo de paquete” y construido “con materiales importados” (que no duró una noche), pero no titubeó demasiado en el pago de 200 USD por el soporte cuando la joven con la que conversó vía WhatsApp prometió un año de garantía y transportación a domicilio incluida en el precio.
La anciana no llevaba 2 horas acostada cuando, según contó, comenzó a sentir una picazón “sospechosa” en la piel y se desveló por el fuerte olor a humedad y por el terrible temor a haber sido estafada. Su hijo descosió el forro a la mañana siguiente y, en efecto, encontró un montón de algodones sucios, cajas de cartón y sacos de harina.
Centenares de denuncias se han extendido en redes sociales en los últimos meses advirtiendo sobre estas estafas.
Muchos ingenuos continúan cayendo en los recovecos de las ofertas en WhatsApp porque los vendedores muestran ahí sus verdaderos números de contacto (y, algunos, hasta su rostro), y les parece que nadie sería tan estúpido de engañar de esta forma en un país donde la base de datos de la única empresa telefónica existente es pública y es compartida con las fuerzas del orden.
Aún cuando se conoce que uno está siendo engañado, hay estafas un poco más admisibles, como las de los perfumes o zapatos falsos que se venden en la calle alegando autenticidad, pero es que la propia red de tiendas estatales tima al cliente sin ningún descaro.
El Ministerio de Comercio Exterior y las empresas importadoras estatales compran, a total consciencia, toneladas de mercancía «china» (solo plagios y saldo defectuoso de almacenes en liquidación) para venderla en las tiendas en Moneda Libremente Convertible (MLC) a un valor 200 veces mayor al real.
De esta forma, por ejemplo, en caso de que la agencia de envíos cobre más de un 30% por cada dólar enviado a la isla o lo cambia en CUP por un canje inferior al del mercado informal, lo hace consciente de que la opción que proveen las “vías oficiales” es más problemática.
La tasa de cambio que impone el Estado cubano, que es de 23,76 CUP, y la imposibilidad legal de cambiar los dólares que son transferidos a las tarjetas de débito en dinero físico hacen que todo el sistema cumpla con “darnos la puñalada”.
Entre la devaluación del CUP, el engaño que consistió todo el sistema del CUC, las tiendas en MLC y el parasitismo del PCC, son muchos los isleños que acaban en pobreza o decepción, pues esa «sociedad justa» prometida se queda en utopía.
Nereida ha sido víctima de una estafa, y es que es en tiempos de crisis donde mejor florecen estos crímenes de cuello blanco, como si la necesidad se interpretara como patente de corso para saquear, aunque no son solo individuos los que emprenden estas iniciativas, pues el Gobierno cubano parece querer competir por ver quien le saca mejor el dinero a la gente.
La realidad es más que evidente: el reajuste económico ha sido llevado a cabo, desde sus primero planteamientos, en el pero momento imaginable, lo que no solo ha generado grandes y permanentes perjuicios a la economía nacional y las domésticas, sino que también ha retirado cualquier atisbo de esperanza que quedaba en la población; la gente se siente abandonada a su suerte, y a esta le vendría bien un amuleto revigorizante en estos tiempos.


