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La Librería Alma Mater, en la céntrica intersección habanera de San Lázaro e Infanta, se ha convertido en un foco de infección masivo y el Gobierno no le importa

En la céntrica intersección de las calles Infanta y San Lázaro, justo en el límite entre el municipio de Centro Habana y el concurrido barrio de El Vedado, la conocida librería Alma Mater se sumerge cada día más en una fosa de aguas albañales y materias de dudosa procedencia.

Luego de varios meses desde que se dio una rotura en las cañerías del deteriorado edificio de viviendas que la acoge, esta librería muestra un estado sanitario y constructivo deplorable.

Un reportaje de este miércoles de la revista El Caimán Barbudo detalló sobre la situación que al local acongoja: desde un costado del edificio se puede divisar claramente la cascada de agua sucia que cae sin pausa dentro del lugar, desde el agujero resultante del desprendimiento de un pedazo de falso techo, y dentro se hallan artículos que nadie se ha molestado en desinstalar, como el split de aire acondicionado que cuelga a pocos metros del chorro.

El problema no solo molesta a la institución estatal, sino que también se ramifica y afecta a los vecinos del inmueble. Se han dado varias denuncias en redes sociales sobre el total abandono que se le ha concedido a esta instalación por parte de las autoridades pertinentes, pero la mayoría de los reclamos se refieren al gran mal olor que emana del local y a los focos de transmisión de enfermedades que provoca.

El reportaje describió que las mugrientas aguas rodean «partes de muebles destruidos y papeles arrugados» hasta salir por debajo de la puerta principal e inundar el pavimento de la esquina, para luego seguir el curso de la pendiente de la calle San Lázaro.

La constante corriente de agua ha provocado tal humedad que todo el suelo de los alrededores está cubierto de moho y ha causado que mucha gente resbale.

El autor del artículo rememoró que antes de la pandemia, el espacio funcionaba normalmente. Ofrecía servicios de venta de libros, impresión de documentos, contaba con una sala de navegación y fungía como sede para talleres de fotografía.

Las dificultades comenzaron a raíz de unas gotas incipientes en el edificio, hasta que reventó una de las tuberías el 17 de diciembre del pasado año. El gerente de la librería relató que en el mes de enero acudieron al lugar representantes del Gobierno Municipal, de Vivienda, de la entonces aún operante Planificación Física. El texto afirma que luego no fue nadie más, y siguen sin haber acciones para reparar los daños.

El administrador refirió que la librería, al final, «no tiene nada», sino que es la tubería del edificio el verdadero problema. La Universidad de La Habana siempre ha sido la dueña del local, incluso cuando pertenecía a la editorial José Martí, y eventualmente pasó a manos de la casa de altos estudios por problemas de presupuesto. Como la Universidad no pertenece al municipio Centro Habana, sino a Plaza, no tiene permitido realizar las demandas legales pertinentes en el Gobierno Municipal, y es por ello que esta entidad «debería tomar las riendas del asunto».

Las autoridades cubanas han presumido durante años que facilitan el acceso a la cultura al pueblo, pero resulta evidente la decadencia de las instituciones que presuntamente contribuyen a cumplir tales propósitos.

Finalizando el año 2020, la popular librería La Moderna Poesía, en la céntrica calle Obispo, de la Habana Vieja, también fue centro de atención por el deterioro que ha alcanzado su estructura, uno de los elementos que actualmente grafican a la perfección el impacto en Cuba de la caída del turismo internacional debido a la crisis epidemiológica.


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