Luego de implementada la Tarea Ordenamiento, y puesto que la crisis económica y alimenticia cubana va en aumento, los precios de los alimentos (tanto en el mercado formal como en el informal) también continúan alzando, hasta ir alcanzando 4 o 5 veces los valores del mes de diciembre de 2020.
Gran parte del pueblo opina que esta severa escasez es solo un preludio de la real hambruna que se avecina y de la revolución popular que se dará próximamente contra el Gobierno.
Una vecina de 10 de Octubre explica que el paquete de pollo de un kilo allá vale 250 CUP, el picadillo está a 75 o 125 CUP (según el tamaño), el paquete de perritos está a 60 CUP, la libra de frijol negro está a 45 CUP, y del colorado a 50 CUP.
Los revendedores (oficio totalmente ilícito) extraen productos de las carnicerías, bodegas, almacenes, hoteles, centros de trabajo, comedores sociales estatales y tiendas de cualquier tipo para ofertarlos en el mercado informal a un precio mucho mayor al de la tienda.
En Centro Habana el panorama es muy parecido: la libra de arroz ronda los 50 CUP, el cartón de huevos (cuando aparece) se cotiza en 350, dos tubos de una libra de picadillo valen 180, el paquete de perritos está en 80, y la leche en polvo (producto con grandísima demanda) oscila entre los 350 y los 400 CUP (dependiendo de si es entera y descremada).
En las provincias del interior del país, la situación se complejiza mucho más, porque el poder adquisitivo promedio de la población es muy inferior al de los capitalinos y el desabastecimiento es incluso mayor, por lo que los precios del mercado informal resultan mucho más incosteables.
La libra de arroz en Santiago de Cuba se está cotizando entre los 80 y los 120 CUP, el cartón de huevos está en 300, el paquete de 1 línea de picadillo oscila entre los 90 y los 120, la libra de pollo a 90, la de frijoles a 30 y la leche en polvo a 125. Resulta fácil notar que los precios no son muy distintos a los de La Habana, pero los ingresos en esa provincia sí son mucho menores.
No obstante, estos precios en pesos cubanos reflejan una economía cuyo dominio pertenece al dólar, en la que el Estado paga sueldos en pesos y vende artículos de primera necesidad en divisas. A la vez se manifiesta una carencia de monedas fuertes, por lo que tampoco da el acceso requerido a los dólares por la población, motivo por el cual «en la calle» se encuentran considerablemente más caros.
El riesgo que conlleva tomar parte en mercado negro cubano también es un factor a considerar para comprar el efectivo en metálico.
Lázaro, un padre de familia residente en Habana del Este, comenta que una vez se puso nervioso cuando una patrulla de policía aminoró la marcha al pasar por su lado, pues tenía en la mochila una carga de diez libras de picadillo de pollo y un cartón de huevos, adquiridod ilegalmente.Por suerte para él, siguieron de largo.
El Código Penal Cubano, en su artículo 339.1, estipula sentencias de entre tres meses y un año de prisión, multas de 100 a 300 cuotas, o ambas penas bajo los caegos de «receptación».
El artículo 336.1, en cambio, contempla privación de libertad de entre tres y ocho años por «malversación».
El mercado negro cubano, sin embargo, se proyecta como una alternativa de adquisición perdurable, incluso con sus riesgos y precios inalcanzables, especialmente si el ordenamiento monetario continúa como un paliativo económico para las necesidades del Estado. La inflación y la escasez por las que atraviesa el país lo evidencian.


