La escasez de medicamentos en Cuba ha llegado a tal seriedad que las discusiones por un turno para comprar en la farmacia, aún cuando no se conozca qué oferta haya, representan el día a día del cubano.
Decenas de ancianos y enfermos crónicos generan un fuerte alboroto cada semana en la farmacia de Damas y General Gómez, en la ciudad de Camagüey, durante la madrugada a causa del orden en la cola.
Los que esperan, enfermos de cáncer, problemas reumáticos, graves infecciones, etc, se quejan del desorden, de la corrupción, de las negligencias, de la ‘coladera’, y de tener que comprar los fármacos en el mercado negro.
El desabastecimiento de medicinas ha empeorado el escenario epidemiológico creado por el coronavirus en la isla. Tener tarjetón (documento oficial con el que se compran medicamentos garantizados y subvencionados por el Estado) no sirve de nada porque no hay nada que comprar, por lo que la alternativa recae en el mercado informal o en extraer las medicinas de los hospitales.
Robar medicamentos de las entidades de salud es considerado un delito grave en la isla e involucraría, en caso de denunciarse, la destitución del profesional sanitario que ayuda a extraer los productos, pero esto resulta casi mejor que comprar a los incosteables precios del mercado negro, donde un blíster de Cefalexina se cotiza en 150 CUP, el pomo de Enalapril en 120, la tirilla de Prednisona en 90, el blíster de Dipirona en 70, el de Nifedipino en 130 y la cápsula de Omega en 40.
El resto de Camagüey se halla en condiciones similares, porque una jeringuilla con 100 miligramos de Labiomend se vende a 500 CUP en municipios como Nuevitas y Florida. Increíblemente, este producto tiene tanta demanda que se agota rápidamente, dado que, mezclado con agua o Micocilén, sirve para tratar la epidemia de sarna que se ha esparcido en los últimos meses por el país.
La prensa oficialista local no ha podido hacer de la vista gorda y ha reconocido que es muy común divisar cada jueves a grandes y compactas multitudes delante de las farmacias para intentar comprar el mismo día que deben haberlas surtido con los pocos medicamentos disponibles (los que se pueden producir en Cuba o importar con la insolvencia del Gobierno).
Lo peor es que las personas más vulnerables al virus de la COVID-19 son las que se están arriesgando cada jueves a contagiarse con tal de adquirir medicamentos para tratar sus otras aflicciones.
Los usuarios se ven obligados a perseguir durante meses el analgésico, antinflamatorio o antibiótico que precisan, a la vez que los gestores achacan las culpas a «dificultades» en función de ocultar todo tipo de irregularidades que, sin duda, serían motivo de indignación social.
El año pasado, el Gobierno solo pudo proveer medicamentos una o dos veces a los 615.591 certificados en patologías reconocidas como crónicas que están vigentes en la provincia de Camagüey.
Como parte del protocolo de la lucha contra el coronavirus, el Prevenghovir, se distribuía de gratuitamente, pero comenzó a cobrarse este mes en hospitales, farmacias, casas de abuelos y hogares de ancianos.
En los pueblos cabecera de Sibanicú, Sierra de Cubitas, Cascorro, Vertientes, Santa Cruz del Sur y Guáimaro se repiten escenas de largas colas, con sus respectivas «matazones», y una lista de actividades ilícitas funcionando a la par, por lo que los pacientes mejor atendidos son generalmente los que retribuyen a los médicos y farmacéuticos con » atenciones».
La directora adjunta del Grupo FarmaCuba, Maité Diéguez, declaró finalizando el pasado año que existen diversas tensiones en la industria cubana, especialmente relacionadas con la importación de materia prima y la producción en sí de los 840 fármacos que conforman el cuadro básico de medicamentos.
Por su parte, la directora general de Farmacias, Adis Neyra, comunicó que se encuentran afectadas todas las líneas de producción en Cuba, sobre todo aquellas que se hacen cargo de la fabeicación de más del 70% de las medicinas reguladas.
El descontrol, los retrasos innecesarios y las incontables negligencias han sido elementos a erradicar previstos por una serie de programas analizados por el Parlamento cubano, pero ninguno se ha concretado, como mismo pasa con la tan promocionada «estabilidad» que el presidente Díaz-Canel continúa prometiendo sin frutos.
Las farmacias se encuentran prácticamente vacías, mientras que el mercado informal oferta los medicamentos, vitaminas y ungüentos en falta a precios exageradísimos.
