La directora del Centro Provincial del Libro y la Literatura en Ciego de Ávila, Yanely Santos Nieves, adelantó que, como parte de la reforma económica general implementada en Cuba (Tarea Ordenamiento), los libros también aumentarán de precio.
El proceso de reordenamiento monetario cubano deberá solucionar la realidad que se vive en el país desde hace años referente a la relación de precio y de costo de producción del libro (pues uno no solía suplir el otro).
Santos explicó que los nuevos precios, con entrada en vigor a partir del mes de abril, serán mucho más consecuentes con los costos de importación de insumos y materias primas, aún cuando continuarán subvencionados y centralizados de alguna manera.
Ricardo Riverón Rojas, reconocido escritor villaclareño, lanzó un comunicado para pedir a las autoridades cubanas no subir el precio de los libros, pues el margen de incremento de 0 a 5 veces podría traer severas consecuencias.
El periódico oficialista provincial avileño, Invasor, informó que las empresas editoriales del territorio gastan más de 4 millones de CUP anuales por concepto de salario y sus ingresos apenas sobrepasan el millón.
Los libros se solían vender 2 o 3 CUP y los «muchísimos ejemplares estancados» se rebajaban, algo que, según la funcionaria, no se podrá continuar.
Incitó a buscar y plantear nuevas propuestas para aumentar el porcentaje de ventas en las librerías provinciales, además de los conocidos programas como «Libro a la casa» o la venta a través de internet que ya se utilizan en otras regiones.
Ailén Castillo Padrón, periodista del oficialismo cubano, admitió en su reportaje «Libros en el limbo» que la comercialización de libros en esa provincia decayó significativamente en 2020 a causa de la llegada de la pandemia de COVID-19 a la isla y del cierre de las librerías durante 7 meses.
Invasor reseñó que la comercialización de libros en los primeros meses de 2021 apenas llegaron a los 15.000 CUP, experimentando una caída radical en las ventas si se toma en consideración que los cifras usuales eran de 700.000 CUP. Para aliviar la carga, se logró distribuir la mitad del inventario que estaba estancado en los almacenes en el verano del año pasado, pero permanecen aún guardados más de 4.000 títulos en los depósitos avileños, unos 232.162 ejemplares.
Los planes del Centro Provincial del Libro y la Literatura estipular que los ingresos por la venta de libros debía superar los 900.000 CUP para finales del pasado año, sin embargo, la recaudación no alcanzó lo previsto.
El medio añadió que Ediciones Ávila luciría en 2020 un plan editorial obtenido al margen de la tecnología Riso, casi caduca, y cuyo coste fue de 13.000 de los antiguos CUC.
Según el escritor Leonardo Padura, la industria editorial cubana se encuentra en un «estado paupérrimo», aunque el medio no trató sobre el asunto; en lo que sí indagó fue en la supuesta responsabilidad de las editoriales provinciales con los libros impresos en la Isla.
La escritora y editora Carmen Hernández Peña cuestionó, al respecto, la utilidad de imprimir obras y más obras cuando en los almacenes se encuentran otras iguales paralizadas. Resaltó el axioma de que un libro tiene el propósito de venderse para socializar su contenido, por lo que las editoriales territoriales deben priorizar propuestas literarias de interés para el público antes que consolar a todo el que quiera publicar.
A decir del escritor Llamil Ruiz, las instituciones deben también aplicar fórmulas eficaces para impulsar las publicaciones, pues el autor es el único a cargo de publicitar su obra.


