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Las mulas que viajaban en busca de ropa, ahora tienen un nuevo oficio en medio de la pandemia

Las muy conocidas «mulas» cubanas se quedaron sin oficio en cuanto llegó la pandemia de coronavirus a Cuba en marzo del año pasado, cuando cerraron las fronteras aéreas y los vuelos comerciales quedaron interruptos por más de 7 meses. Luego de la reapertura en octubre, los requisitos y protocolos sanitarios obligatorios irrentabilizaban el negocio, por lo que ya nadie quiere emplearse así.

Esta escasez se da luego de considerarse este como uno de los negocios más beneficiosos en Cuba, ya que viajar hacia el exterior, importar de forma particular una gran cantidad de bienes y revenderlos en Cuba satisfacía la gran demanda de artículos generada por el desabastecimiento general.

Nirma, quien ejercía como «mula» hasta principios del 2020, contó que había dimitido de su trabajo como dependienta de una bodega estatal unos meses antes del cierre para desempeñarse en el oficio de importadora particular.

La mujer reconoció que ser «mula» le generó mucha más tranquilidad, pues las artimañanas que desarrollaba «por la izquierda» en ese empleo le hacían correr el riesgo constante de caer presa, pero con la llegada del virus, ha tenido que buscar suerte trabajando de «colera», lo que también es ilegal y extremadamente perseguido en estos momentos, pero no ha encontrado otra alternativa.

Explicó que solía marcar por la madrugada (y aún lo hace, pero después de las 5 de la mañana, cuando se acaba la restricción de movimiento en La Habana) y se gana de 1 a 5 USD por turno, dependiendo del interés del comprador y de la demanda del producto a vender. Confesó que ha hecho a veces la cola en vano porque ese día no surtieron nada.

Una vecina de Nirma que también era «mula» y ahora «colera», Tamara, se ha olvidado de volver al negocio de las importaciones, pues ha agotado sus ahorros en los meses de cuarentena mientras no podía trabajar (dinero que era necesario para la inversión del viaje) y las autoridades aduaneras y aeroportuarias han anunciado restricciones de cantidad de mercancía y demás trabas luego de la reanudación de los viajes al exterior.

Los revendedores se hacen de entre tres y cinco turnos cada uno en las ocasiones que el punto de venta de la barriada es surtido, siempre y cuando no aparezca algún policía para  “organizar” la cola, pues pueden ser aprehendidos y sancionados con multa o privación de libertad. Para evadir represalias, los detectados en el ejercicio de la reventa tienen, a veces, que pagarle una parte de las ganancias al oficial en forma de soborno

Con acusaciones de “acaparamiento” o “actividad económica ilícita» y temor por decomisos, viven estos cubanos, quienes se han visto perjudicados, en su mayoría, por el cierre de fronteras, y además sin ayudas por parte de las instituciones del Gobierno.

Algunos se han adaptado; otros se han resignado a sobrevivir con los ahorros producto de los ingresos no truncados por la pandemia; pero lo cierto es que son demasiados los cuentapropistas que han sufrido estos meses de inactividad con mera “economía de subsistencia”.


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