El aumento de casos de coronavirus en Santiago de Cuba ha traído consigo que cintas amarillas y rojas se extiendan por amplias zonas de la ciudad, delimitando la cuarentena en barrios completos y algunas áreas céntricas en los que tanto comercios como oficinas de servicios básicos se encuentran cerrados.
Este sábado, las autoridades cubanas reportaron 888 nuevos casos de coronavirus en el país. Además, se tuvo que lamentar el fallecimiento de 4 personas, con los que esta semana ya suman 28 los que ha perdido la vida a causa de la pandemia. Del total de contagiados reportados hoy, 105 pertenecen a la provincia de Santiago de Cuba, provincia a la que solamente supera en casos la capital cubana.
Una de las áreas cerradas en la provincia es el Callejón del Carmen, ubicado en las cercanías de la popular calle Enramadas. Los vecinos de las inmediaciones se mantienen bajo la prohibición de salir de las áreas delimitadas con cintas rojas y se quejan de las escasas opciones de venta de alimentos.
«Aquí se han unido dos graves problemas, el desabastecimiento y el coronavirus», comenta vía telefónica a 14ymedio Sandra Mustelier, quien además añade que la principal carnicería del barrio está cerrada pero ya desde mucho antes de que nos pusieran en cuarentena no tenía nada para vender
«Tampoco están vendiendo pan por la libre, así que dependemos solo del que nos dan por la libreta y en mi casa somos tres adultos y cuatro niños, no nos alcanza con eso. Han venido a vendernos algunos productos porque no podemos salir de aquí, pero están caros y tampoco son comida, sino refrescos, galleticas dulces y caramelo», añade.
Los residentes de Palma Soriano, por su parte, atraviesan una situación mucho más delicada e incluso se han establecido «puntos de contención intermunicipales» en sus tres accesos para reducir el paso.
El cierre del municipio debió llegar acompañado por la desconcentración de servicios comerciales para evitar las aglomeraciones, pero los vecinos denuncian que el abastecimiento de alimentos no se ha cumplido como aseguraron las autoridades que se haría.
«La gente se está escapando o viniendo por las azoteas y los callejones para poder comprar o vender un producto», explica uno de los residentes. «Ayer compré tres ají por 15 pesos a un vendedor que vino por los techos y por la tarde pasó otro que vendía tres panes a diez pesos», concluye.


