Ignacio, un ingeniero cubano de 55 años, espera en la parada de ómnibus del Parque Maceo, entre el malecón habanero y el Hospital Amejeiras, con su respectiva mascarilla facial protectora contra el contagio del virus de la COVID-19. Entre la pandemia y el frente frío que profesa una humedad tajante y un descenso en las temperaturas, su asma comienza a manifestarse, luego de tres días de una crisis de insuficiencia respiratoria que viene y va.
Ignacio siempre anda con su spray de Salbutamol en el bolsillo porque si no, le falta el aire.
Los asmáticos, hipertensos y personas mayores de 60 años son los más vulnerables al coronavirus. De los casi 11 meses que ha durado la pandemia en Cuba, Ignacio solo ha podido ir a trabajar durante 3.
Ignacio estuvo cobrando el 60% de su salario todos los meses que se vio obligado a quedarse en casa, que resultó mejor para su salud, pero peor para la economía familiar. El ingeniero se encuentra valorando el hecho de volver a la oficina y arriesgar críticamente su salud si no es inmunizado contra el virus pronto.
La población cubana todavía no ha conseguido imaginar cómo las autoridades sanitarias cubanas se las ingeniarán para llevar a cabo la campaña de vacunación masiva, dada la exagerada publicidad que se le ha dado a dicha en medios oficiales.
Daimara, una especialista en farmacología que labora en el Centro de Inmunoensayo, opina que la campaña de los 100 millones de vacunas del Gobierno cubano ha generado grandes y falsas expectativas en la población. Dice que los que se lo creyeron, lo creyeron en grande, y muchos otros lo desestimaron completamente.
Daimara declara que la información dada por la prensa oficialista cubana (que es la más generalizada) ha sido demasiado «triunfalista», sobredimensionada por motivos políticos y comerciales y no demasiado transparente sobre los resultados verdaderos de las fases de desarrollo de los candidatos vacunales, pues Soberana 01 no ha cumplido con la eficacia prevista y no se ha hablado explícitamente al respecto en los medios de difusión masiva.
Añade que Cuba cuenta con uno de los mejores sistemas de investigación médica y biotecnológica, muy desarrollado para ser un país del Tercer Mundo, pero para nada comparable con las industrias biotecnológicas y farmacéuticas de países con verdaderos recursos.
El Gobierno y el personal científico cubanos se vieron desde un principio divididos en varias opiniones con respecto a la inmunización del pueblo a través de vacunas: unos tenían el criterio de que era mejor elaborar una vacuna propia, pero aliarse con un país más desarrollado para lograr mejores y más rápidos resultados (China, Corea del Sur o Rusia); otros pensaban que era mjeor concentrar los esfuerzos en desarrollar un candidato vacunal exitoso, y no 4 (Soberana 01, Soberana 02, Mambisa y Abdala); y otros abogaban por comprar las vacunas directamente de un país desarrollado que las vendiera baratas, como Rusia o China.
Tampoco ayudan a la causa la fortísima presión política que se está ejerciendo sobre el equipo científico encargado, pues tienen constantes reuniones con dirigentes y funcionarios y tienen que soportar campañas masivas de propaganda, como la de los 100 millones de vacunas para el cierre de este año 2021.
Daimara concluye que esta situación ha conllevado una reducción de los plazos, lo que para las investigaciones es un condicionante negativo, y que las autoridades no deberían acomplejarse si algún proyecto vacunal no es eficaz, cuando la misma propuesta china ostenta entre un 50 y un 70% de efectividad.
Incluso dos meses antes de que el virus alcanzara fronteras cubanas, rondaba la propaganda que aseguraba que el interferón combatía efectivamente la enfermedad, aunque cierto tiempo después se demostró la falsedad de la tesis.
Un epidemiólogo habanero que reside en Europa, Yosvany, comentaba que sus colegas en la isla le cuentan que las pruebas de la tercera fase de la vacuna Soberana 02 se realizarán en el iraní Instituto Pasteur, por falta de financiamiento por la parte cubana.
Sara, dependienta de una pizzería, se pregunta «¿Y la Soberana pa’ cuando?” ante los 800, 900 o 1.000 casos diarios, dado de que en la calle se creía que la vacuna era cuestión de semanas luego de que las autoridades reabrieran las actividades, el transporte y las fronteras.
Un funcionario del MINSAP considera que los números son preocupantes, y que «se bajó la guardia», sobre todo, en la época de Año Nuevo, con todas las entradas de viajeros a la isla, a quienes tampoco se les hacía mucho seguimiento. Y agregó que, en su opinión, fue un error no demandar a los viajeros un PCR negativo antes de abordar el avión.
Sin embargo, el proceso de inmunización en masa lleva un tiempo determinado y puede resultar peligroso saltarse algún paso. Todas las vacunas que se han producido en el mundo, dígase Moderna, Pfizer, Sputnik V y Astra Zeneca, han presentado problemas en la producción de millones de dosis debido a la gran demanda.
El funcionario añadió que las autoridades siempre han estado confiadas de que los laboratorios nacionales tendrían la capacidad para elaborar una vacuna, no solo por la calidad de los especialistas, sino por la necesidad de que lo produjeran desde y para el país porque Cuba no entraría en ninguna lista para recibir dosis. Por ahora, los planes de la A a la Z consisten en las vacunas cubanas.


