«Esto del ordenamiento lo único que ha creado es tremendo descontento popular. Yo tengo 35 años y nunca había visto la gente expresarse con tanta molestia y mira que llevamos años tragando y tragando cosas», nos dice Luis Pérez, mientras se acomoda en la larga fila de una panadería en La Habana intentando comprar algunos panes por la libre.
Cuba comenzó 2021 con una medida largamente esperada y con otras que no lo eran tanto.
En diciembre pasado, el presidente Miguel Díaz-Canel, acompañado del exmandatario Raúl Castro, anunció en televisión nacional lo que llamó el «Día 0», la muerte a inicios de 2021 del CUC, la «doble moneda» (equivalente al dólar) que circulaba en la isla desde 1994.
La directiva que los cubanos esperaban desde hacía meses no vino sola: el gobierno informó que, con el año nuevo, se iniciaría otra serie de reformas económicas que llamaron «tareas de reordenamiento» y que tenían como objetivo «hacer más productiva y eficiente la economía».
A medida que pasaron los días se supo que las «tareas» traerían consigo, entre otras cosas, un notable incremento de los salarios para el sector estatal (de una media 4,9% en un país donde el sueldo rondaba los US$37) y, también, de un exponencial aumento de los precios (algunos, como la electricidad, de un 500%).
«Le subieron el precio a todo. Imagínate que ahora un triste pan con poca harina y sin aceite cuesta 20 veces más. Eso para no hablar de los medicamentos, la electricidad o el transporte», nos cuenta Yaquelín Rodríguez, una cuentapropista de la provincia de Santiago de Cuba.
«Subieron los salarios, pero te suben también los precios, entonces estamos en las mismas. Al final, con lo de la electricidad echaron para atrás, porque la gente estaba muy molesta. Pero igual sigue estando muy cara», agrega.
Tras el anuncio de las medidas, los cubanos inundaron las redes sociales con comentarios contra la subida de precios.
La reacción popular, que el gobierno calificó de «opiniones respetuosas», llevaron a las autoridades a un ligero recorte en la subida de alguno de los sectores más polémicos: la energía y el gas licuado (que fue aumentado inicialmente en un 200%).
Además del fin del CUC y las subidas de precios y salarios, el gobierno actualizó también las tasas de cambio de divisas para las empresas estatales, redujo subsidios y endureció las condiciones para que los cubanos puedan recibir ayudas del estado para «otivar la búsqueda de empleo».
En criterio de las autoridades, las medidas buscan generar mayor eficiencia económica y esperan que resulten en cambios positivos a largo plazo para la históricamente maltrecha economía de la isla.
Y es que si bien Cuba inició el proceso para la eliminación del CUC, el gobierno, en búsqueda de divisas fuertes, comenzó desde noviembre de 2019 a implementar tiendas por «monedas libremente convertibles» (dólares, euros o libras esterlinas) que a lo largo de 2020 crecieron en número y se volvieron la única alternativa para comprar algunos productos de aseo o alimentos.
«Ahora para comprar algo ya sea galleticas para tu hijo o un pedazo de carne de res, si no tienes dólares, no vas a tener acceso a eso. Y aquí a nadie gana en dólares», dice Rodríguez.
Al final, lo que se quería era que tuviéramos una sola moneda y este no es el caso: ahora tenemos divisas extranjeras que están funcionando como dinero…
Y es que, actualmente, los cubanos no pueden ir a un banco o a una casa de cambio a comprar dólares e incluso, aquellos que tenían cuentas bancarias en CUC, aunque se les dio la posibilidad de convertirlos a dólares, no podrán hacer extracciones de la moneda extranjera «hasta que la situación del país lo permita», según informaron las autoridades.
La falta de accesibilidad a moneda extranjera ha dado paso a un emergente mercado negro de divisas, donde los dólares se cotizan a casi el doble del cambio oficial.


