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La terrible experiencia de una familia cubana en La Habana para poder comprar comida en dólares

La periodista cubana Mariana Camejo acudió a sus redes sociales para compartir su triste experiencia para comprar pollo congelado en una de las tiendas en Moneda Libremente Convertible (MLC), en la que abunda el desorden, el abuso y la corrupción.

Luego de las ya nada nuevas largas horas de espera, Camejo finalmente no pudo cumplir su objetivo de comprar pollo, por lo que en su post titulado “Sobre lo sucedido en la tienda en MLC de Boyeros y Camagüey el 14 de enero”, contó todos los detalles sobre el mal momento que vivió.

Según sus palabras, Camejo llegó a la cola sobre las 9 de la mañana en compañía de su madre, quien padece de hipertensión y es diabética.

Lo primero a lo que se enfrentó la periodista fue el hecho que no hay sitio para hacer la cola en las cercanías de la tienda, sino que hay que caminar hasta el final de una cuadra bien larga y luego doblar a la derecha hasta llegar a una plazoleta grande.

“Todo parece indicar que este sistema de la tienda MLC de Boyeros y Camagüey está concebido para poder llevar adelante las prácticas corruptas que describió Camejo en su post, sin que las personas que hacen la cola puedan verlas ni denunciarlas”, comentó.

A pesar de haber varios militares y policías que «velaban por el orden» de la cola, Camejo pudo notar algo que no encajaba en el asunto, ya que ante los ojos de los uniformados no fueron pocos los autos que entraron hasta el parqueo de la tienda y, sin tener que hacer cola, entraban personas a la tienda y salían cargadas de comida.

A su vez, también pudo percatarse como algunos extranjeros entraban también sin hacer cola y que quienes debían velar por el orden se limitaban a evadir los reclamos de quienes llevaban varias horas esperando para poder hacer sus compras.

De acuerdo a los cálculos estimados que realizó la periodista, en aproximadamente 5 horas y media solo habían entrado 72 personas a la tienda.

“En ese tiempo conversé con mujeres que habían amanecido, literalmente, en la cola; porque habían llegado mientras aún era oscuro”. Los responsables de la tienda dijeron que la demora se debía a “problemas de conexión”, algo que desmintió luego a la periodista una empleada de la tienda que le explicó que la desconexión sólo había durado una media hora.

Camejo menciona además que algunos de los clientes pudieron apreciar cómo se le daba dinero a quienes cuidaban la puerta para entrar.

“Pasadas las 2pm, cuando ya una muchacha regresó de la entrada muy alterada por todo lo que había visto, la cola en pleno empezó a caminar, molesta, y se plantó frente a la entrada del parqueo, que fue cerrada por militares y policías”.

La indignación se fue apoderando de los clientes al punto que dejaron el sitio en que estaban haciendo la cola y avanzaron hacia la tienda, ya que desde donde se encontraban era imposible ver la entrada de la tienda y los actos de corrupción que se estaban cometiendo.

Los militares consiguieron poner la cola en “su sitio” al cabo de un rato y la cola empezó a avanzar. Sin embargo, pasados unos minutos todo volvió a lo mismo y las personas quedaron nuevamente abandonadas a su suerte.

Las largas horas de espera sin comida y ver como a las personas no les quedaba de otra que hacer sus necesidades en los matorrales de las inmediaciones, era algo que hizo que algunos desistieran del intento. No obstante, Camejo no cejó en su empeño e incluso fue nuevamente a la entrada de la tienda y se identificó como periodista ante los oficiales.

“Yo soy periodista de Bohemia, estoy aquí desde las 9 y algo de la mañana. Todavía hay gente que amaneció en la cola y no ha entrado. Incluso cuando yo llegué estaban escaneando. Solo han pasado a dos grupos y hay personas aquí diciendo que han visto cómo se da dinero para entrar”, les dijo a los uniformados.

La periodista intentó averiguar qué pasaría con todas las personas que llevaban horas allí si cerraban la tienda a las cinco de la tarde, a lo que uno de los representantes del orden que allí se encontraban le respondió que “No sabía nada de eso, pero que hablaría con el administrador a ver que podía hacerse”.

Su gestión dio como resultado que se repartieran 200 nuevos turnos y que se extendiera el horario de apertura hasta las seis de la tarde.

Camejo y su madre alcanzaron los turnos 157 y 158 y finalmente pudieron entrar al establecimiento tras casi 8 horas de cola.

Tristemente, ni ella ni el grupo de mujeres que había amanecido en la cola pudieron alcanzar pollo, ya que en el momento que entraron ya no quedaba ni un solo paquete en los estantes.

Llena de indignación, perpleja y muerta de cansancio regresó Camejo a su casa pasadas las seis de la tarde, luego de haber empleado un día entero en intentar comprar alimentos a precio de mercado en una tienda en la que solo pueden comprar aquellos que tienen acceso a divisas.


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