Los precios cada día más elevados llegan también al oriente del país, y nada más y nada menos que en forma de productos baratos por tradición como el boniato.
Un santiaguero comentaba que había pasado hacía unos días por El Avileño, un mercado agropecuario estatal del centro de la urbe, y que resultó muy sorprendido al ver boniatos en los anaqueles, sin cola ni policías.
Al tener curiosidad de la situación, entró al establecimiento y preguntó por la venta del alimento, a cuya respuesta quedó estupefacto, pues le informaron que los boniatos solo se venden por la libreta de abastecimiento y para personas mayores de 80 años.
El boniato siempre ha sido «comida de guajiros, de gente humilde y de puercos», dijo el hombre recordando su infancia en el campo, a lo que añade que ahora parece una delicatessen porque, cuando aparece, está carísimo o racionado.
Alrededor de 9 CUP era el valor máximo que podía llegar a costar la libra de boniato; sin embargo, en las dos semanas escasas que lleva este año, que no parece avanzar hacia un panorama un poco más esperanzador que el del 2020, los comerciantes por cuenta propia de Santiago de Cuba venden el producto a más del doble de ese precio, y en Cienfuegos, a unos 30 CUP.
Este tubérculo tiene gran demanda dentro de la población, por ser -hasta hace poco- la vianda más barata, que no solo es empleada para el consumo humano, sino también como sustituto de la proteína en la alimentación de las mascotas.
A solo minutos de haber dejado atrás El Avileño, la indignación no se detiene. Por la calle Enramadas, a unos 800 metros, se vende yogur, queso y crema untable en otro local.
Ante la lógica pregunta que refiere a los precios, los dependientes esclarecen que todos los productos en venta son solo para niños de 1 a 8 años, en cuyo proceso adquisitivo se requiere de presentar el documento de identidad y la libreta de abastecimiento. El boniato es de gran valor nutritivo, pero además es un cultivo de ciclo corto y de fácil cosecha. Por este motivo, no logramos explicarnos el aumento acelerado de los precios.
Ya es palpable en las calles cubanas el decepcionante efecto de la escasez perpetua. Solo podemos, entonces, desear que en fin de año nos podamos dar el lujo de catar frijoles y boniato, por un módico precio equivalente a un riñón o un ojo de la cara.
