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El ‘aprieta y afloja’, la nueva estrategia del Gobierno cubano para ver hasta dónde aguanta el pueblo la subida de precios

Tremendo ‘trajinao’ se ha vivido en Cuba en las últimas dos semanas. El Gobierno, luego de anunciar las nuevas, altas y polémicas tarifas de los servicios en el país a raíz de la Tarea Ordenamiento (como el pan, el transporte público, la heladería Coppelia y la electricidad), y ante el alza popular de críticas, ha «rebajado» muchas tarifas. No obstante, las rebajas no han sido significativas.

El precio del pan (20 veces su valor anterior) continúa inflexible: a 1 CUP la unidad.

Una anciana que se llegó a la panadería estatal de una concurrida avenida de El Cerro, preguntó discretamente si lo podía comprar a mitad de precio y la respuesta fue un rotundo ‘no’, pues la vigilia está ‘apretá’.

Al final de la jornada, la dependienta recogió todos los panes con los que pudo cargar, pues se quedó un excedente inmenso producto de que muchos vecinos no fueron a comprarlo (por no poder o por no querer, y es que siguen siendo de pésima calidad).

Se comenta que de seguro rebajarán también el precio del pan porque la gente dejó de comprarlo, como hicieron con el de Coppelia y la electricidad. También los cubanos dejarían de montarse en las guaguas con tal de no pagarlas, pero ese asunto no es tan fácil de evadir.

Hasta hace unos años, era inimaginable pensar que una medida del Gobierno pudiera flexibilizarse en dependencia de la opinión popular. Antes la gente no manifestaba su descontento, y si lo hacía, nadie le hacía caso.

Por décadas, lo que venía de arriba era implementado de forma tajante y a nadie le importaba si gustaba o no, además, esto no era algo en lo que pensar, pues nadie iba en contra de la corriente (aunque fuera una mala idea).

Ahora la dirección del país quiere dárselas de flexible e interesado en la población (o de verdad lo quiere ser) y ha prometido «revisiones» de los cálculos que respaldan las nuevas tarifas de la Tarea Ordenamiento.

Algunos especialistas apuntan que esta no es más que un eufemismo de consuelo para aminorar las críticas populares, aunque, en realidad, no se rebaje (casi) nada.

En las últimas semanas, el kilovatio pasó de costar 0,40 CUP a 0,33 CUP y la bola de helado, de 7 CUP a 5 CUP.

Muchos en la calle comentan que conocían de antemano que esto no era más que una trampa para que la población se quejara de una subida de precios, para que luego impusieran la que de verdad pensaban poner desde un principio y que la gente pensara que era una bajada, aunque siguera estando caro.

Decodificar a un Gobierno que por más de 50 años se ha caracterizado por la falta de transparencia y el secretismo es complicado.

Si todo fue una artimaña, no funcionó, porque los cubanos tampoco están contentos con los nuevos ‘nuevos’ precios, y es que, luego de toda una vida acostumbrados a la mala calidad justificada por los subsidios, las altas cotizaciones caen como un cubo de agua fría.

Los vecinos de El Cerro piensan quejarse en redes sociales y dejar de comprar el pan, convencidos de que el titular de la Mesa Redonda en algún día de la semana próxima será el ‘reajuste’ de esos valores.


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