Robos de las jarras para beber agua, destrucción de las áreas verdes, peleas en las colas y una ola de caos y suciedad, así fue descrito por la propia prensa estatal la reinaguración el pasado fin de semana de la heladería Coppelia La Arboleda, en la oriental ciudad de Santiago de Cuba.
Según describe un artículo publicado hace unas horas en el diario oficialista Sierra Maestra, en medio de las gigantescas colas que se formaron el pasado sábado por la reapertura del Coppelia La Arboleda se caldearon los ánimos, pues estuvo cerrada durante los últimos cinco meses para realizar una reparación total de la instalación, que incluyó un cambio completo de la iluminación, mobiliario y se incorporaron nuevas ofertas.
Unos minutos después de abierto, una fuerte llovizna hizo que todos los clientes que estaban sentados en las áreas exteriores corrieran a resguardarse al área techada, lo que fue aprovechado por algunos para llevarse las jarras en las que ser sirve el agua en las mesas.

En el salón climatizado el ballú también fue grande, pues muchos gritaban y conversaban en voz alta, incluso con personas fumando, de acuerdo al citado medio.
El panorama en los exteriores también era lamentable pues los niños arrancaban las hojas de los árboles cercanos a la fuente para arrojarlas al agua, «dañando las especies vegetales, muchas de las que se habían recién sembrado durante la reparación».
El caos durante la reapertura del Coppelia La Arboleda fue completado con una ola de desechos de vasos plásticos, papeles, cigarros, cucuruchos de maní y envolturas de caramelos que dejaron los clientes esparcidos por doquier.

La calidad del helado también dejó mucho que desear, aunque los directivos de La Arboleda se justificaron diciendo que la responsabilidad era de la fábrica de helados Siboney, quienes son los encargados de su elaboración con un «equipamiento obsoleto».
Para rematar, la famosa Vaquita Lola, que por años ha sido la mascota de la instalación y de la que ahora se exhibe una gran escultura en el salón principal fabricada en fibra de cristal, también provocó problemas pues todos los visitantes querían llevarse una fotografía a su lado, lo que provocaba empujones y colas, además de que todos querían tocarla, lo que en poco tiempo provocará que esta no tenga pintura y su deterioro se haga visible.


