Hace más de cien años que Facundo Ramos, un enamorado del folklore, recogió en Remedios la leyenda de la Rondona, una cubana que se dice que fue exorcizada por estar poseída por demonios.
Durante la segunda mitad del siglo XIX, vivió en la mencionada población una joven muy bella, de las mejores familias de la villa, que respondía al nombre de María Manuela.
Se cuenta que la muchacha tenía un carácter dominante y áspero, y que siempre buscaba salirse con la suya, aunque con ello se llevase por delante a quien hiciera falta.
Hija única de una acaudalada familia, María Manuela tenía dinero suficiente para permitirse cualquier capricho. En una ocasión, su madre quiso probarla y le pidió prestados siete reales.
–¡Yo no tengo ese dinero!– contestó la joven egoísta, con voz desentonada.
–Si te he pedido esos siete reales es porque he visto que los tienes—insistió la madre, llevando la prueba hasta sus últimas consecuencias.
–¡Siete legiones de demonios es lo que yo tengo dentro del cuerpo!– ripostó la muchacha, iracunda.
La madre se llenó de dolor al ver lo egoísta que era su hija.
Desde ese día la joven comenzó a sufrir numerosos trastornos, llegando a coger la manía de escupir continuamente y hablar de cosas sin sentido.
Los viejos de Remedios contaban que a la joven le empezó a crecer la lengua hasta colgarle prácticamente hasta los senos, con lo cual quedó imposibilitada de tragar bocado alguno. De quien un día fue una hermosa muchacha de muy buen cuerpo, solo fue quedando un aspecto deteriorado que la hacía parecer una especie de momia.
Luego de agotar todas las posibilidades médicas, la familia intentó buscar alguna cura en la iglesia. O lo que es lo mismo, exorcizar a la joven para que expulsara los demonios que llevaba por dentro.
El sacerdote encargado la exorcizó repetidamente, ya que la joven había dejado de responder por su nombre para pasar a hacerlo solo si escuchaba los nombres Belcebú, Satanás o Lucifer.
Se dice que el padre consiguió tener éxito en su empresa, aunque los demonios internos de la joven dieron tanta guerra que al último hubo que sacarlo por un dedo del pie derecho.
Luego de aquel peculiar trance, María Manuela se convirtió en la más devota de las religiosas de Remedios, llegando a visitar a diario la iglesia del pueblo.
Como a todo el mundo, a la Rondona de Remedios un día le llegó su hora. Y algunos aseguran que, al practicarle la autopsia, los médicos quedaron sorprendidos al ver los daños que presentaba en sus órganos internos, lo cual, según se comentó en ese momento, pudo haber estado asociado a los demonios que un día María Manuela tuvo dentro de su cuerpo.
