Los procedimientos y métodos utilizados a la hora de practicar las autopsias a los fallecidos por la COVID-19 en Cuba permiten obtener información valiosa que sirve como base a numerosas investigaciones.
De esta manera lo explica un artículo publicado en Infomed, el portal de salud cubano. La información la proporcionan cinco expertos del Hospital Luis Díaz Soto, centro de salud capitalino al que se le conoce popularmente como el Naval.
Según consideran los especialistas, pese a la tendencia a nivel mundial de disminuir las autopsias clínicas, para el sistema cubano este proceder representa una fortaleza, ya que facilitan el entendimiento de las causas que llevaron al paciente a la muerte.
La metodología a aplicar requiere de la presencia de un experto Anatomía Patológica y de un técnico en tanatología, principalmente.
En estos procedimientos se extreman las medidas de bioseguridad. No obstante, debido a la actual crisis sanitaria debido al brote de coronavirus, las precauciones que se toman son aún mayores.
Todo el instrumental empleado es desinfectado con una solución de hipoclorito y al terminar se lava con abundante agua y detergente. A su vez, los especialistas portan ropa verde primero (gorro, botas y guantes quirúrgicos) y un módulo de bioseguridad personal encima (traje blanco con gorro, máscara N95, gafas y guantes del traje encima, delantal y botas).
Durante la autopsia se extraen muestras para realizar la prueba del PCR en tiempo real y se hace un examen minucioso de los órganos del fallecido para determinar las afectaciones ocasionadas por el COVID-19 y determinar la causa de la muerte.
La investigación detalla además que durante la autopsia debe realizarse un trabajo documental, describiendo aspectos como antecedentes, aspectos epidemiológicos y hábito externo e interno.
Posteriormente, los resultados se discuten entre un grupo de patólogos del centro de salud, al tiempo que los casos positivos se debaten en el centro de referencia, con el grupo nacional de patólogos.


