En medio de una grave crisis de escasez que vive Cuba, agravada por la pandemia del coronavirus, el Gobierno cubano ha identificado a los nuevos «enemigos del pueblo»: los «coleros», los revendedores y los acaparadores de productos básicos de las tiendas estatales. Pero, ¿quiénes son estos personajes y hasta qué punto son culpables de la escasez generalizada en el país?
Son muchos los cubanos que a diario recorren la mayor cantidad de tiendas posibles para comprar productos de aseo y alimentos que luego revenden hasta por el doble de su valor, directo a sus vecinos y conocidos o por vía de Facebook y WhatsApp.
Las autoridades cubanas decidieron racionar desde el inicio de la pandemia la venta de productos como el pollo, el tomate, el picadillo, la pasta dental y los jabones, entre otros artículos, cuyo comercialización se realiza con un tope por compra y cliente.
Aunque los coleros y revendedores no son un fenómeno nuevo, ni nada por el estilo, la crisis que vive la isla los ha multiplicado a tal punto que se han puesto en la mira del Gobierno y de gran parte de la población, que no ve con buenos ojos la actividad que realizan.
«Esta gente son unos abusadores. ¿Por qué yo tengo que pagarles a ellos lo que me hace falta al doble o triple de lo que lo vende el Estado? Nos están chupando el dinero que tenemos», comentó a nuestra redacción Norma, una anciana de 74 años en La Habana que vive del dinero que obtiene al rentar el portal de su casa como puesto de venta a unos cuentapropistas.
Son muchos ya los que apoyan las medidas del Gobierno en contra de los coleros, los revendedores y los acaparadores. Incluso, están de acuerdo que se haya sacado a un «ejército» de más de 22 mil personas, divididas en casi 3000 grupos, para «combatir» a los que realizan este tipo de negocios, amenazando con multas y procesos judiciales a quienes sean detectados cometiendo estos delitos.
El propio presidente Miguel Díaz-Canel se ha pronunciado sobre el tema, tachando a quienes comercian con los productos de las tiendas de «parásitos que viven a costillas del pueblo», y los acusó de promover la «indisciplina social, vulgaridad y chabacanería».
«Actuaremos con firmeza porque la calle en Cuba es para los revolucionarios y para el pueblo trabajador», sentenció en un polémica frase la pasada semana.
Sin embargo, otros piensan que ese contingente de 22.000 personas podría dedicarse a tareas más útiles como la producción de alimentos o la atención a población vulnerable.
Desde su inicio la pasada semana, la campaña contra los revendedores parece haber tenido éxito. Los coleros han ido «desapareciendo», porque están los policías todo el tiempo arriba de ellos.
Sin estos intermediarios ilícitos, además, las colas parecen haber disminuido en tamaño. ¿Significa esto que los cubanos podrán por fin adquirir productos básicos sin dificultades en los comercios estatales? Muchos piensan de momento que no.
«Hay menos colas pero no hay ningún producto dentro de la tienda. Es que no hay nada. Por ejemplo hoy salí a buscar algunos productos de primera necesidad, de aseo, y no encontré absolutamente nada», explica Laura, una ama de casa habanera a nuestra redacción.
El aumento de los revendedores, primero que todo, responde a la escasez. Cuba apenas produce el 20 % de los alimentos que demanda su población y ha de importar el resto. Esto se traduce en estanterías vacías en los supermercados.
En los últimos años ha surgido un segmento de la población con ingresos superiores, ya sea por recibir remesas o por negocios particulares, dispuesto a pagar un mayor precio para acceder a esos bienes y servicios, o lo que es lo mismo, hay quienes prefieren gastar más si con ello evitan las colas y el racionamiento, por lo que acuden a los intermediarios ilegales.
A su vez, el salario promedio de un trabajador estatal no alcanza los 50 dólares al mes, por lo que muchos recurren a la economía informal para salir adelante. Ser colero es el empleo de alguna gente que no tiene alternativa de empleo.
A esto se suma el efecto de la pandemia: todo el que tenía trabajo de calle o conectado con el turismo internacional lo perdió. Alguna de esa gente hoy son los coleros.
El Gobierno, por su parte, defiende la idea de que el desabastecimiento no es la causa de la proliferación de los revendedores.
Muchos coinciden en que para acabar con los coleros, se debe inundar las tiendas de productos o subir el precio de los alimentos. Pero en Cuba, primero, no puedes inundar las tiendas de productos porque no tienes con qué, y segundo, subir los precios sería una medida de alto costo político.
