Una joven pareja de médicos cubanos protagonizaron esta semana una curiosa boda, cuando decidieron darse el «si, quiero» para toda la vida en el mismo centro de aislamiento para pacientes con coronavirus en el que llevan trabajando durante los últimos meses.
Adrián Ruiz Fuentes y Meysel Alberto se conocieron entre batas verdes y salones de operaciones… entre sangre e instrumental quirúrgico nació el amor.
Él residía en La Habana, pero fue enviado a Matanzas a cumplir su tercer año de especialidad en Cirugía en el Hospital Militar Mario Muñoz, donde Meysel aún daba sus primeros pasos de sus prácticas profesionales. De eso hace ya tres años, y lo que comenzó como una linda amistad, desde hace 10 meses se convirtió en un hermoso romance.
Ella tiene 26 años y él le lleva tres. Ambos pertenecen a uno de los equipos quirúrgicos que fueron formados para atender en la zona roja a los pacientes infectados por coronavirus en un centro de aislamiento en Matanzas.
Durante el tiempo que llevan laborando entre el riesgo, han tenido que realizar 2 apendisectomía, 1 pleurotomía, el drenaje de 2 accesos glúteos, la cura de 2 úlceras de cúbito y 2 cesáreas.
Hace solo 7 días que salieron de la zona roja y ahora se encuentran en cuarentena en el Hotel Canimao, donde deben esperar 14 días para poder regresar a sus casas. En medio de esto, nació la idea de sellar su amor a la altura de cómo ha crecido.
«Que mejor ocasión que esta. Pienso que para casarse no necesariamente tienen que estar creada todas las condiciones. Que mejor que nuestros compañeros de trabajo con los que llevamos meses en esta batalla nos preparen una ceremonia de manera imprevista y nos haya quedado tan bien. Estamos muy contentos y todos nuestros familiares que han podido ver desde lejos, lo que ha sucedido se sienten felices aún sin haber participado», contó Adrián en una entrevista ofrecida esta semana al portal Radio Rebelde.
Para la mayoría de las novias las cuestiones del maquillaje, el vestido, la decoración las hace perder horas de sueño. Sin embargo, la Dra. Meysel lo resolvió de manera simple.
“Los pulsos, los collares, los aretes estaban hechos con latas, el ramo de flores y el resto de la decoración de las mesas y las columnas se adornaron con plantas y flores del hotel. La persona que nos casó estaba disfrazada con un nylon negro, con hojas blancas, todo estaba sujeto con ganchitos de tender”.
Magnífica, así describe el galeno cómo quedó la ceremonia. “fue la brigada número 3 del Hospital Mario Muñoz y los trabajadores del Hotel Canimao los que cumplieron nuestro sueño”.
La idea de casarse en el centro de aislamiento fue de él, se lo comentó a Meysel aun cuando estaban en Zona Roja. Desde ese momento se percataron que para lograrlo debían contar con el apoyo de sus compañeros.
“Es insólito. No pasará dos veces. Cuando realicemos la otra boda será difícil superar esta”.
No fue una boda de mentira, no quieren llamarla así. Aunque faltó la presencia del notario, Meysel y Adrián fueron bendecidos por una cofradía de médicos y enfermeros que han sido testigos de su amor y de cómo no puede posponerse lo que los sentimientos ordenan….
