La llegada del coronavirus y la suspensión de los vuelos a Cuba terminó por enterrar en los últimos meses el negocio entre Miami y la Isla que más dinero dejaba: las «mulas», los que viajaban casi todas las semanas entre las dos orillas a transportar mercancía, desde ropa y zapatos hasta alimentos y artículos de aseo, hasta remesas entregadas en mano.
Según la consultora The Havana Consulting Group (THCG), este negocio está valorado en más de 8 mil millones de dólares, los cuales se han visto congelados de un día para otro, lo que ya se está dejando ver en la economía de Miami, con la perdida de puestos de trabajo, y en el marcado desabastecimiento, en el caso de Cuba.
El Gobierno cubano también está perdiendo millones de dólares en sus arcas, pues las mulas representan un ingreso importante de fondos solo en honorarios por la habilitación del pasaporte, boletos aéreos, aranceles aduaneros y tarifas aeroportuarias.
THCG valora el total de estos rubros para el Gobierno de la nación caribeña en más de 1300 millones de dólares, lo que habría que sumar el valor de las remesas en efectivo y las mercancías que se envían, las cuales de una forma u otra terminan inyectando efectivo a la economía cubana.
«Estoy en Miami hace casi tres meses porque el fin de los vuelos me dejó atrapada aquí, pero mi casa está en Villa Clara», comentó a nuestra redacción Ana Luisa, una cubana que la suspensión de vuelos desde Estados Unidos a su ciudad natal le terminó jodiendo el trabajo como «mula».
Ana Luisa tiene doble ciudadanía y pasaporte español, el que le permite viajar cada cierto tiempo al sur de Florida en busca de mercancía que luego vende en la Isla. También ofrece su cartera para llevar dinero en efectivo a personas en Cuba, trabajo por el que recibe una pequeña paga extra de las agencias de envíos de remesas que radican en Miami.
«Como tengo mi pasaporte español no necesito de visa para entrar en Estados Unidos. Eso me permite viajar de forma frecuente y una vez al año aprovecho para realizar una importación pagando en moneda nacional en la Aduana de allá. En ese viaje llevo electrodomésticos, que me los pagan al doble o triple de lo que me cuestan aquí», explicó esta cubana a nuestra redacción.
«Después hago de mula y me pagan en las agencias de aquí en Miami por llevar maletas con ropa, zapatos, teléfonos celulares, comida o medicinas. Con eso puedo vivir mucho mejor que algunos profesionales titulados en Cuba», enfatizó.
Por ahora, la cosa está en picada y el sueño de Ana Luisa como mula para comprarse una casa en el centro de la ciudad de Santa Clara sigue en cuarentena y el desconfinamiento de su dinero no parece estar ni en la fase cero, con el Gobierno cubano anunciando el reinicio de los vuelos para el 1ro de agosto próximo.
