No es porque lo digamos nosotros, pero para cosas rara, curiosas, o que nadie se imagina, sin duda hay que contar con los cubanos. El tener una mascota es lo más normal del mundo, ya que el cariño que profesan estos fieles compañeros no tiene límites. Sin embargo, si la mascota se trata de una especie poco común, especialmente de las que cuando crecen puede tragarse de un bocado a su dueño, entonces el cuento es un poco distinto.
Este el caso de la cubana Ana Teresa Puentes, quien no posee un perro ni un gato, sino nada más y nada menos que un cocodrilo cubano Crocodylus rhombifer, especie en peligro de extinción, que reside desde hace 30 años en el patio de su casa en el municipio capitalino de Boyeros.
El reptil, como es de suponer, al ser carnívoro pudiera confundir a su dueña con un suculento manjar y pegarle una dentellada al dejarse llevar por su instinto salvaje. Sin embargo, la mujer asegura que nunca se ha puesto violento.
De acuerdo a Oscar Reynaldo Armas, veterinario del Zoológico de La Habana, estos animales necesitan tener un adiestramiento previo, ya que sus mordeduras pueden desgarrar muy fácilmente la carne e incluso desprender extremidades por completo.
En cautiverio necesitan habitar generalmente en lugares de agua dulce y requieren del sol para regular su temperatura corporal y acelerar el metabolismo.
Teresa cría este reptil en el pequeño patio de su casa, en el que cuenta con una tina de agua del tamaño del animal para mantenerlo hidratado.
“Quizás no sean las condiciones adecuadas, pero él está muy bien ahí”, explica su dueña.
Su curiosa mascota tiene hasta nombre, ya que lo bautizó como “Pepín”, en honor al amigo que le regaló el reptil en 1994 para salvarlo de la caza ilícita.
El “pequeño” Pepín mide unos tres metros y 40 cm de largo y su alimentación es a base de carne, pescado, aves y mamíferos. En invierno, suele perder el apetito durante casi un mes, aunque el resto del año no queremos ni imaginar la que pasa su dueña para poder alimentar a su querida mascota. Si conseguir alimentos para un ser humano no es tarea sencilla en Cuba, imaginen para llenar la barriga de un cocodrilo.


