Pese a los constantes llamados por parte de las autoridades sanitarias cubanas a que las personas se mantengan en sus casas y que eviten las aglomeraciones para disminuir el riesgo de contagio y poner un alto a la transmisión local del coronavirus, a diario no son pocos a los que se les puede ver en la Isla en medio de un mar de personas a las afueras de las tiendas y mercados.
“Hay que vacunarse con lo único que tenemos hasta ahora: la disciplina, la cooperación y la solidaridad. Esa es la vacuna de este tiempo”,ha repetido constantemente en las ultimas semanas el gobernante cubano Miguel Díaz-Canel.
Las indisciplinas sociales han sido el tema en varias intervenciones en los medios por parte de caso todos los dirigentes cubanos, quienes se han encargado de mencionar algunas de las acciones realizadas por la población, que ponen en riesgo tanto sus vidas como las de los demás.
Tal es el de un grupo de 12 personas que habían estado juntos en una comelata en el municipio de Florencia, en la central provincia de Ciego de Ávila, y que terminaron siendo confirmadas como positivos al nuevo coronavirus SARS-CoV-2.
“Tienen que estar conscientes que fueron unos irresponsables por haber estado haciendo una fiesta cuando se había prohibido eso y se había alertado la situación”, denunció la pasada semana ante las cámaras de la Televisión estatal.
Los medios oficiales no son los únicos que han denunciado este tipo de comportamientos por estos días. Muchos usuarios en las redes sociales han sacado a la luz el proceder de algunas personas que ignoran los llamados del Gobierno a mantener el aislamiento para evitar posibles contagios.
Uno de los temas que más polémica ha desatado por estos días son las largas filas para comprar alimentos y artículos de primera necesidad en la red de tiendas de la Isla, ya que la falta de suministro ha provocado que comprar pollo, aceite, jabón, entre otros, se haya convertido en una odisea.
Las colas en las tiendas se han convertido en un verdadero calvario, principalmente por la falta de suministros, y en opinión de muchos, por la centralización (la mayoría de estos productos se venden en divisas), lo que genera la concentración de impresionantes cantidades de personas en las tiendas donde se expenden.
Uno de los reclamos más reiterados que la ciudadanía hace a las autoridades es la desconcentración de estos productos a nivel de las bodegas comunitarias (en los barrios), aun cuando se les mantenga su alto y diferenciado precio de compra, acción que sin dudas evitaría en buena medida las grandes aglomeraciones.
A su vez, esto se complica con la aparición de revendedores callejeros, que están presentes en estas multitudinarias filas, incluso con acompañantes, para comprar, acaparar y revender esos productos.
Aun cuando está presente la policía para intentar establecer el orden, en la mayoría de estas largas colas no se respetan las medidas impuestas para evitar contagios, entre ellas el uso adecuado de las mascarillas y la distancia entre personas.





