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Coronavirus en Cuba: 30 días de la pandemia que ha guardado una Isla dentro de sus casas

El 11 de marzo marcará para siempre la historia moderna de Cuba, cuando se detectaron los primeros casos de coronavirus en el país, al diagnosticarse tres turistas italianos que dieron positivos al COVID-19… así empezaba en la Isla un drama que ha ido ganando en intensidad, provocando el miedo en la población a quedar contagiados y perder la vida en la cama de un hospital.

Aunque las autoridades del país vendieron la carta de que en Cuba todo estaba bajo control y que no había necesidad de tomar medidas extremas como el resto de las naciones afectadas, la realidad hoy parece bien distinta y el Gobierno no para de pedirle a la población su colaboración para no llegar a un punto critico de propagación, como todos los parámetros pronostican que se avecina.

Si el 11 de marzo marcó la llegada del coronavirus a Cuba, un día después llegaría una noticia peor, pues el 12 se confirmó el primer paciente cubano infectado con el COVID-19… conclusión: los cubanos no somos inmunes por obra y gracia de nuestro dios tropical como pensábamos.

El 18 de marzo se reportó la primera muerte, uno de los tres turistas italianos que dieron positivo a la enfermedad había perdido la batalla en el Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí, en La Habana. Desde ese día, ya han perdido la vida otras 14 personas, la mayor parte cubanos, y el país ya reporta 564 casos positivos detectados, más cientos de pacientes sospechosos.

Entonces comenzaron las medidas de choque, los reclamos de la población empezaron a sentirse. El Gobierno decidió ponerle fin a los vuelos internacionales, cerrar las fronteras aéreas y marítimas, suspender las clases en todos los niveles de enseñanza, exigir a la personas el uso de nasobucos en la vía publica, ordenar el aislamiento social y la reclusión en los hogares de los cubanos, suspender actividades no esenciales, crear centros de aislamiento, poner localidades completas en cuarentena ante los primeros casos de transmisión local… Cuba cambió por completo… lo que pensamos que no llegaría ya estaba aquí.

La situación médica, que hasta ahora parecía bajo control, empieza a desmandarse. En las últimas 96 horas se han confirmado 214 casos, de un total de 564 positivos detectados en el país. En cuatro días, se han diagnosticado cerca del 40% de los contagios. Además, se han identificado los primeros focos de transmisión local, no relacionados con turistas o viajeros cubanos procedentes del exterior.

El Ministerio de Salud Pública ha advertido todos los días, durante esta semana, que lo peor esta por llegar… el pico de la enfermedad podría alcanzarse dentro de un mes y los cubanos solo se preguntan si el sistema sanitario no se verá desbordado como en otros países.

Sin embargo, no existe una cuarentena general obligatoria todavía, ya que la gente vive al día y que obligatoriamente tiene que salir a diario a buscar productos de primera necesidad, los cuales escasean en las tiendas. Si bien aún se apela a la autoconciencia y no se prohíbe salir a la calle, las disposiciones gubernamentales cada vez se endurecen más.

Desde hoy, todo el transporte público, tanto privado como estatal y tanto en las ciudades como en el campo, dejará de funcionar. No habrá autobuses, ni ruteros, ni bicitaxis, tampoco carruajes de caballos en los pueblos, una medida extrema en un país en que la inmensa mayoría de la gente no tiene coche particular. El transporte público solo se mantendrá para las actividades priorizadas y en casos justificados o de urgencia.

También se cerrarán las grandes superficies comerciales de La Habana, como el mercado de Carlos III o el de la calle 70, para evitar las grandes colas. Debido al desabastecimiento crónico, las aglomeraciones no solo no han menguado sino que son mayores, por eso la estrategia ahora es tratar de habilitar muchos pequeños establecimientos para descentralizar las ventas, acercar los productos a la gente y reducir las colas. Tarea difícil, luego de que el problema es la escasez de productos básicos, y esto no parece que pueda arreglarse en un país que pasa por una aguda crisis económica y de abastecimientos.

“Hay que quedarse en casa, no se debe salir a la calle”, enfatizó el presidente Miguel Díaz-Canel esta semana, y el Jueves Santo reiteraba de nuevo: “No es tiempo de hacer visitas, ni de ver amigos, ni de estar conversando en grupitos, ni de jugar dominó en la calle o salir a caminar”.

El mandatario dejó un mensaje claro ayer, en su ultima comparecencia televisada: «Todavía hay irresponsables que no han asumido la necesidad del distanciamiento social”, dijo, pero advirtiendo a esos “que no saben lo que hacen” que se acabaron las bromas.


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