Desde que el presidente Miguel Díaz-Canel denunciara ante las cámaras y tachara de «irresponsables» a los habitantes del poblado de Florencia, en la provincia de Ciego de Ávila, por organizar una gran fiesta en la que quedaron contagiados por coronavirus 13 personas hasta el momento, fueron muchos los comentarios generados en las redes sociales en los que se pedían detalles de lo ocurrido.
Pues ahora, en un articulo publicado por el diario oficialista Invasor, de la misma provincia donde al parecer había ocurrido este sonando fetecún, se reveló la verdadera historia de lo que allí pasó.
Y es que la fiesta ya no fue tal fiesta, y para colmo, seis de los 13 contagiados hasta el momento no participaron, sino que fueron infectados luego por personas que si estuvieron presentes en lo que ahora solo se trató de una comelata familiar.
Tras entrevistar a varios de los contagiados se confirmó que no hubo tal fiesta, sino una comida familiar para darle la bienvenida a una pareja de cubanos que viven en Miami y que solo pasaron por el pueblo a saludar y dejar sendos maletines cargados de pacotillas traídas desde el Norte.
La paciente cero, una joven de 18 años que estuvo presente en este encuentro, fue la que luego propagó el coronavirus entre los habitantes de la comunidad de Limpios Grandes, donde vive su familia.
Esta comida familiar, a la que solo asistieron 14 personas, y no el tumulto que describió Díaz-Canel en la televisión nacional, tuvo lugar el pasado 20 de marzo, cuando ya en el país se reportaban 25 casos confirmados de coronavirus y casi un millar de sospechosos.
Fue ese mismo día que el gobernante cubano anunció la regulación sobre el ingreso al país de solamente cubanos residentes en Cuba y que entraría en vigor cuatro días después. Sin embargo, ya los cubanos que habían llegado desde la Ciudad del Sol se encontraban en la Isla y se sabe que siempre a las visitas se les recibe con puerco asado y botella de ron, pues así se disfruta mejor de los regalitos.
Nada exonera la responsabilidad de los que allí se reunieron, y que ya están sufriendo en carne propia las consecuencias de sus actos. Pero esto no justifica, en mi opinión, la avalancha de reacciones desmedidas, muchas veces entrado en la falta de respeto y bien hirientes, que han recibido desde las redes sociales los que participaron de esta fiesta, ahora comida familiar. Hasta ese día, lamentablemente, la mayor parte de los cubanos aún no tenían la percepción de riesgo que existe hoy y no se habían radicalizado las medidas que ahora existen.


